—¿Ya nos vamos? —preguntó Emma con un pequeño puchero mientras su madre le abrochaba el abrigo. —Sí, princesa. Tenemos que dejar que tu tía Scarlett y Sophie descansen— respondió Julia con una sonrisa cansada. Scarlett, a unos pasos detrás de mí, se agachaba para recoger los cojines que habían servido como escudos, fortalezas y trampolines improvisados durante la tarde. Elliot corrió hacia ella, lanzándose con los brazos abiertos. La abrazó sin decir palabra, solo apretándola con fuerza. Scarlett lo sostuvo sin titubear, acariciándole el cabello, y por un segundo… su expresión cambió. Era sutil, apenas un parpadeo más largo, una ternura contenida. —¿Podemos venir otro fin de semana, Tía Scarlett?— preguntó Emma con voz esperanzada. —Sí, ¡por favor!— agregó Elliot, corriendo a abrazarme

