Estaba mirando fijamente a aquellos dos desconocidos cuando vio con sorpresa como se metían en la cueva de la que él hacía poco había salido, entonces imaginó que seguramente serian ellos los que había notado mientras dormía que se le acercaban. Los acontecimientos iban demasiado deprisa, y sin pensarlo dos veces los siguió dentro, claro que como estaba un poco mareado de la caída se le olvidó que la cueva tenía techo y ¡zás!, de nuevo lo probó. Posiblemente pasó más de lo que creía pues cuando salió de aquel lugar las piernas le habían crecido tanto, que le fue imposible salir sin más, lo tuvo que hacer casi arrastrándose. No sabía lo que le pasaba, pero aunque se miró un poco tampoco reconoció sus pequeñas manos, ahora no eran tan pequeñas, se parecían a las de su madre, ¡su madre!, ¿

