Ecos de Borealis (Parte 1) Stefan Nowack La llamada de Ivana no fue larga, pero me dejó despierto hasta el amanecer. Su voz se quedó en mi cabeza, repitiéndose como un eco subterráneo: “La verdad que tu padre nunca terminó de contar.” Esa frase lo cambió todo. Porque si algo aprendí de Gerald Nowack es que cada verdad en esta familia viene envuelta en una mentira. El día siguiente me recibe con un cielo opaco. Sofía sigue dormida; su respiración es pausada, irregular. Alessia prepara café en silencio. El olor me recuerda a los años en que el desayuno era un acto de esperanza, no de supervivencia. —¿Vas a volver a la mansión? —pregunta sin mirarme. —Sí. —¿Es por la llamada? Asiento. Alessia deja la taza sobre la mesa con un golpe seco. —No confíes en ella, Stefan. Esa mujer

