Llegamos a la universidad bastante temprano, más de lo que yo esperaba, por ende decido antes de dar inicio a las clases comunicarle a George y a la compañera de Rola, Maríam, que vamos a reunirnos (en la casa de Rola), el sábado de la semana entrante para empezar a trabajar.
Ambos manifiestan su acuerdo y nos disponemos a poner atención a la clase apenas llega la profesora.
La asignatura se llama Procesos psicosociales y psicoculturales, es una de mis favoritas, la señora que la imparte se preocupa de que sus clases sean bastante dinámicas y extensas, ya que es mucho material para explicar y discutir. Hoy nos hemos propuesto a compartir ideas referentes a la filosofía contemporánea, ya que esta se conoce por ser esa filosofía que se encarga de dar la búsqueda a respuestas del entorno de las inquietudes sociales, políticas y económicas, a mí me parece realmente bastante interesante, aunque algunos críticos consideren que los avances en la ciencia y sus frecuentes triunfos provocan el debilitamiento del pensamiento filosófico en lo absoluto, ya que a través de las ciencias se están encontrando las verdaderas respuestas a las preguntas. Creo que es algo que depende de tu criterio, personalidad y forma de creer en algo.
El resto del día transcurre con total normalidad, y al finiquitar la clase me encuentro un poco cansada, pero me aventuro en busca de Grekka, necesito darle una carta que escribí en el receso para que se la entregue a Ahmad, en la cual le especifico lo sucedido haciéndome jurar total discreción. No deseo que ese asunto llegue a oídos de su papá, ni de nadie más, no quiero desprestigiar al tío Ali, pero Ahmad merece saber quién fue el responsable de que lo nombrarán como un abusivo prácticamente.
Encuentro a la chica y le pido que se acerque, le entrego el sobre en sus manos y ella entiende a quien va dirigido. Debe de estar suponiendo que se trata de una postal de amor, por la mirada que me ha dedicado, me parece curioso debido a que le mencioné que me negué a aceptar a su primo en matrimonio, quizás le dé mucha curiosidad el contenido de la carta y la lea, me tranquilizaría en cierta forma para que no le reconcoma demasiado la duda y la incertidumbre, sé que Grekka es una chica de confianza, no es de las que se regodean en hablar y suponer respecto a los demás, siempre la he visto concentrada en lograr sus metas de vida, no la veo ocupándose de fomentar el chisme, así que no me preocupa que vaya a revelar el contenido del sobre que le he dado para Ahmad...
Como de costumbre busco a Rola para regresar, ella y yo volvemos a casa en medio de conversaciones triviales, luciendo mucho más relajada que en el camino de venida.
Este día pasa sin más, sin ninguna novedad.
El día siguiente siento que pasa volando y nada me impresiona, la impaciencia me ha carcomido.
Todo está listo para mi ida hasta Alepo y solo Salam sabe cuál es el verdadero motivo de mi visita, estoy muy ansiosa, más de lo que había sentido en mucho tiempo.
El camino desde Damasco dura aproximadamente 4 horas, Alepo es la segunda ciudad más grande de mi país, y se encuentra en un lugar estratégico entre el mediterráneo y el Éufrates, podría ser un punto neurálgico para la guerra en caso de que se convirtiera en una inminente y terrible realidad.
El trayecto se ha vuelto poco tedioso, he logrado distraerme en toda la contienda. Apenas llego me quedo maravillada con las bondades del lugar y las imponentes mezquitas que quedan en la vía al sitio a donde me dirijo.
Es fácil llegar hasta la dirección que me han proporcionado, la emoción me hace temblar las piernas.
He llegado, estoy frente a una gran casa con muchísimas piedras en su fachada, adocenada de helechos en su porche...
Posee un jardín repleto de jazmines que se nota el cuidado al que son sometidos, son la flor favorita de mi madre. No puedo evitar sentir un ápice de nostalgia cuando los miro con detención.
Toco el timbre de la puerta principal de la casa y espero ansiosa a ser atendida.
Me abre la puerta con gesto tembloroso una muchacha de aproximadamente 32 años, con rasgos hindú, le saludo con un gesto de la mano en muestra de mi respeto y le requiero la presencia de la señora de la casa.
—No hable su Idioma señeroritaá. —Espeta de forma difícil de entender la mujer que me ha abierto la puerta.
Le hago una seña como intentando decirle que yo deseo ver a la dueña de la casa y ella levanta los hombros haciendo gesto de no entenderme ni importarle.
Me quedo parada en la puerta y ella empieza a desesperarse hasta que grita:
—Ammar, Ammar, Ammar. —
Cuando la escucho gritar con molestia ese nombre, recuerdo que así se llama mi tía, la que cuida de mi abuela y vive con ella, hasta donde me ha dicho Salam es soltera y sin hijos.
—¿Qué sucede Shy? —Pregunta con afabilidad la señora que acaba de posicionarse al lado de la mujer hindú.
Shy, el nombre por el cual responde la mujer hindú profiere palabras inentendibles para mí y me señala un par de veces mientras habla con la señora la cual supongo que es mi tía.
Es realmente preciosa como mi madre, tiene su misma complexión física, pero sus ojos tienen un color azul más tenue, similares a los míos, que la hace ver muy delicada y especial... Además de tener los rasgos de su cara más suaves que los de mi mamá.
—¿Qué necesita señorita? —Me pregunta la mujer mientras me observa de forma inquisitiva, la mirada que se implanta en ella mientras analiza mi rostro denota que se da cuenta que tengo un aire familiar.
—Hola... —digo con nerviosismo y me quedo privada. —
—¿Qué ocurre?, me está asustando. —Dice la mujer mientras observa a Shy con recelo.
—Soy Amira Farhad, he venido porque quiero ver a mi abuela... —Balbuceo emocionada.
La señora se cubre el rostro con las manos y las lágrimas empiezan a salir de las cuencas de sus ojos con fluidez... Se aproxima a mí y me da un abrazo con fuerzas, su cercanía me parece familiar y conciliadora.
—¡Cuanto has crecido Amira, pensé que no te volvería a ver nunca, ya eres toda una mujer, y eres preciosa! —Exclama Ammar con emoción mientras me continúa apretando de forma afectuosa entre sus brazos.
—Necesitaba verles tía, perdón por aparecer sin avisar... —Digo apenada.
—Hemos esperado el momento en que tu madre vuelva a casa o al menos a tener contacto con la familia... Mamá llora todos los días por su ausencia, cuando nos enteramos de la muerte del déspota de tu padre pensamos que ella vendría a vernos... Y bien nos hemos sentido completamente decepcionadas porque no ha sido de esa forma, ella nos ha olvidado completamente, su familia no le importa, ya no podría excusarla mi madre de que lo hace por miedo a su desagradable esposo. —
Puedo percibir el dolor y la sinceridad en sus palabras, quizás son muchas las cosas en las cuales yo soy ignorante. No puedo entender su tristeza porque no soy unida a mi hermano, él no siente por mí más que desprecio, por lo cual para mí, el hecho de no verlo no representa demasiado.
—Mi madre se ha encontrado bastante afectada por la muerte de mi papá, fue muy repentino... Y pasaron muchas cosas después de ello. ¿Se encuentra mi abuela en casa?, ¿puedo quedarme con ustedes por hoy y mañana? —Profiero con temeridad de parecer muy imprudente.
—Lo he supuesto Amira, tu madre dejó sus cosas y su vida aquí, y cambió drásticamente todo de ella cuando se convirtió en la esposa de Amin Farhad... Y aunque este muerto ahora, no puedo evitar decir que tu padre siempre fue un incomprensivo malnacido, ella no vio más que los ceros de sus cuentas bancarias... Tu madre era una mujer muy dulce en su juventud como también era sumamente interesada... Se dejó sorprender por su billetera, sin importar que la privara de la realidad y la libertad. —Responde Ammar con distracción ignorando mis dos últimas preguntas.
Me quedo callada procesando lo que me ha dicho y sintiendo una inminente incomodidad de que no me haya autorizado a quedarme. Por suerte traje dinero para volver cuando sea... Aunque sé lo peligroso que puede resultar tomar carretera en horas de la noche.
—Discúlpame Amira, me distraje entre recuerdos. —Suelta Ammar con delicadeza sacándome de mis pensamientos.
Asiento y no digo nada, no sé qué decir, tampoco me ha dicho si podré ver o no a mi abuela.
—Por supuesto que puedes quedarte el tiempo que quieras cariño, es esta tu casa también. Para ver a tu abuela tengo que hablar con ella primero y ponerla en antecedente, no quiero que te vea sin aviso porque va a sorprenderse y emocionarse bastante, y por su edad hay que tener cuidado con las emociones demasiado fuertes, pueden ser perjudiciales para su salud, dame un momento, ponte cómoda que ya volveré. Cualquier cosa que necesites puedes pedírsela a Shy, intenta detener más tus palabras para que pueda entenderte. —Pronuncia con ligereza mientras se va sin anunciarse por un pasillo.
Me dedico a observar la decoración de la casa para no mostrarme demasiado impaciente por la espera. En una de las paredes hay fotos de mi madre cuando niña, era realmente preciosa y tierna... En nada parecida a la mujer vil que se ha convertido.
Mi tía Ammar llega acompañada de mi abuela a la sala, la cual se deshace en mis brazos apenas me ve.
La aprieto con fuerza, haciéndome sentir por fin en casa.
Le transmito mis temores, mis inseguridades, mis amores, mis sueños, mis logros, mi perseverancia, todo de mí. Haciéndome saber a mí misma, que tengo un lugar donde reencontrarme.
Sé que si mi madre volviera a su casa alguna vez, sentiría esta misma conexión que he podido sentir yo.
Los dos días que me quedo en compañía de estas mujeres han transcurrido con tanta rapidez que apenas me marcho ya siento la necesidad de volver, sus mimos, anécdotas, nostalgias y añoranzas me hacen sentir tan identificada y comprendida en general, que me hacen entender que no podré llevar a cabo mi vida entera sin gozar de semejante privilegio...