Esta historia había entrado en una pendiente de complicado cambio y retroceso, ubicándonos en una manera de proceder que pareció contrastar con el momento vivido, armando un escenario para poder sentirnos a gusto mientras nos movíamos en él y creando todo tipo de distancias y silencios acordes a las circunstancias. Fue como negociar una forma de cargar el peso, porque sí, ya hacía tiempo que se había transformado en una especie de mochila gigante cargada de rocas que, así mismo, no nos llevaba a claudicar, algo así, como una resistencia tenaz de nuestro lado Después de tres meses de ausencia, debido a una gresca feroz, yo regresaba con la cola entre las piernas, llamaba a su puerta y ella, nuevamente, me recibía y pasábamos gran parte de ese día dilucidando de quién había sido la culpa de

