Él es así

1006 Words
Todos corrimos a la cocina, aunque a los hombres no les agrada mucho la idea de estar en ella. -¿Cómo te has sentido en la nueva ciudad? Me imagino que ha de ser muy difícil para ti adaptarte a una nueva ciudad, rodeada de gente nueva por conocer - me preguntó Hilda. Por alguna extraña razón, la dulzura de Hilda me parece asombrosa. Además, ella es un poco callada. -Muy bien, he tenido algunas sorpresas, pero me gusta esta ciudad y mucho - dije mientras el rostro de William pasaba por mi mente. Se oyen bostezos a la par de David y Héctor. No sé si están aburridos con mi plática o con el hecho de estar en una cocina con nosotras. -Chicas, nos vamos. Esto de cocinar no es lo nuestro - dijo Héctor. Él me sonrió, pero lo pasé por alto. -Claro, nos vemos mañana en el antro - dijo Martha despidiéndose de David con un dulce beso en los labios. Lo sabía, ellos dos tienen algo. Se les nota a kilómetros. -Adiós, chicas - dijeron al unísono David y Héctor. Solo sonreí. No puedo evitar imaginar a robots, aunque estos son agradables y no se rebelan para destruir la humanidad, o por lo menos eso pensaba jajajajaja. Cuando por fin nos quedamos las tres solas, le pregunto a Sara: -¿Qué es lo que pasa con William? ¿Por qué se molestó con mi pregunta? - Le pregunté y ella se me quedó viendo, suspiró y después respondió. -Es que cometí la estupidez de acostarme con él - A pesar de que su respuesta era con resentimiento en su tono de voz, no la había. De hecho, sonrió al final. No era una sonrisa de esas que se dan después de escuchar un chiste, era de esas que das cuando haces travesuras y no te arrepientes para nada. -¿Osea, son o eran pareja? - No sé por qué me importa tanto, pero solo de pensar que el chico de mis sueños es un gigoló me hace sentirme un poco decepcionada. -No, solo nos conocemos, tomamos unos tragos de más y tuvimos relaciones la mejor noche de mi vida. Claro, para él no fue lo mismo. Él me dijo que fue un error y que no se volvería a repetir. Que si quería, podíamos ser amigos. He tratado de que eso se vuelva a repetir, pero no es así. Ninguna mujer es suficiente para él. Solo te usa y cuando se aburre, te bota - Ella se puso triste. Quise acercarme a consolarla, pero no me atreví. -Realmente es un idiota, con el perdón tuyo, Martha -dije. ¿Cómo es posible que trate así a las mujeres? Y yo deseando tener sexo con él, ¡qué locura! -Descuida, amiga, sé cómo es mi hermano. Ya le he dicho a Sara que olvide lo que pasó y conozca a otros chicos, pero Sara está hasta las babas por mi hermano. Mi hermano no vale la pena, solo usa a las mujeres, se acuesta con ellas y las bota. Si Martha piensa así de su propio hermano, por algo será. Sí que te puedo decir, creo que empezaré a tratar de olvidar lo que pasó esa noche -dice Sara, no muy convencida ni resignada. Siento que no lo dejará pasar tan fácil. Es lo que he ganado al cambiarme tantas veces de casa, que siempre se identifica a alguien que se guía por sus propios deseos, pero ella lo desea a él. Ella desea no sé cuánto a William. -Será por tu bien, amiga -dijo Hilda, tratando de consolarla, poniendo su brazo en el hombro. Pero al parecer, a Sara le disgustó el gesto de Hilda y se hizo a un lado. -¿Vámonos de antro? David y yo pensábamos ir, ¿se apuntan? -dijo Martha, tratando de hacer pasar el mal momento y tratando de no darle importancia a lo que acaba de pasar con Sara e Hilda. -Claro que sí -decimos sin dudar, aunque no creo que sea buena idea. Si al final no voy, no creo que se molesten. Continuamos haciendo las empanadas. Martha nos aventó harina y a mí me bañaron en cajeta y lechera, quedé toda pegajosa. Después de un rato, terminamos con las empanadas. -Amiga, lo siento, pero si quieres darte un baño, adelante -me dijo Martha con una sonrisa mientras me daba una servilleta para limpiarme. -Claro, amiga -le respondí con la misma gentileza que ella me dio. -Amigas, saben que ya tenemos que irnos. Nos vemos al rato en el antro Las Rocas a las 9 -dijeron Hilda y Sara. Creo que la salida al antro no se hará mañana, sino hoy. -Que les vaya bien -dijimos las dos en unísono y nos reímos. Cada minuto que pasa, me parezco más a ellas. -Ven conmigo, te prestaré ropa para que te des un baño -Martha salió de la cocina. -Claro, te sigo -dije con una sonrisa y comencé a caminar detrás de ella. Íbamos subiendo los escalones. Miraba a mi alrededor y todo me parecía asombroso. La casa era enorme, puedo asegurar que tiene como tres pisos. Mientras hacíamos nuestra escalinata, oímos la voz de William. Él hablaba por teléfono. Preferí no tomarle importancia, aunque parecía molesto al teléfono y hablaba con una voz seria sin demostrar por completo su molestia. Estaba el cuarto de William, otra puerta y el cuarto de Martha. -¡Wooow! ¡Este cuarto es del tamaño de mi casa! ¿Cómo es posible? -exclamé. Es genial. Tenía sus paredes tapizadas de estrellas de rock and roll. Megadeth, Metallica, entre otros que yo no conocía. Me gusta el rock y la Metallica, pero no tanto como para saber reconocerlos. Me impresionan sus gustos musicales. ¿No será acaso que la he estado juzgando mal? Bueno, en otras escuelas a las que he asistido, las personas o alumnos que tienen un estatus más alto que los demás humillan y maltratan. Creo que dejaré de juzgar. Ellos parecen buenos.
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