Mi mejor amiga

1151 Words
Salí de mi casa lo más rápido posible. El hecho de estar cerca de ella me hace descontrolarme. Aún no comprendo por qué la deseo tanto si la acabo de conocer. Quedé de verme con Miriam, así que me dirijo a su ubicación. -Hola querido, llegas temprano- me saluda con un abrazo y un beso en la mejilla. Esta mujer siempre me habla bonito. Es incómodo a veces, pero no deja de ser mi mejor amiga, así que la dejo ser de vez en cuando. -Hola Miriam, ¿cómo has estado? ¿Qué tal tu viaje?- le preguntó. Por lo general, ella casi siempre sale de viaje, al igual que yo, pero cuando nos reencontramos, la pasamos de maravilla. Creo que ambos nos entendemos. Después de todo, es mi mejor amiga. Ella rompe con esas creencias de que un hombre y una mujer no pueden ser amigos. -De maravilla. He conocido Roma. Es un lugar súper interesante- ella siempre ha querido ir a Roma desde que éramos pequeños. Me da gusto que esté cumpliendo poco a poco sus sueños. -Muy bien, amiga. Me alegro por ti. Sé que me hablarás de tu viaje todo el fin de semana, ¿no es así?- ella se comienza a reír porque sabe que lo que digo no es otra cosa que la verdad. -Prometo no hacerlo si me llevas a mi casa. Estoy súper cansada y quiero descansar- dijo ella apuntando a sus maletas. Fui por ella al aeropuerto, así que ella va llegando de su viaje. -Claro, pero antes te llevaré a comer. No he comido bien porque me levanté enojado de la mesa. Si tan solo hubiera esperado un momento más, hubiera desayunado en casa con tranquilidad. Pongo mi brazo en su hombro y ella me agarra de la cintura. Dejamos tras el aeropuerto y nos dirigimos a mi auto. Le abro la puerta de copiloto y ella entra. Después, llevó su maleta a la cajuela y subo al auto. -Cuéntame, ¿cómo estás? ¿Por qué tienes hambre? Tú nunca sales sin comer de casa- me dijo ella mientras mandaba un mensaje. Al ver que no le respondía, volteó a verme para que le respondiera. Ella me conoce bien y sabe que casi nunca salgo sin antes comer. -Si te contara- dije y recordé a Ell. Ya sal de mi cabeza, mujer. - Sabes que puedes hacerlo - dijo Miriam con una sonrisa. - Bien... te contaré - Ella es la única persona sobre la tierra en la que tengo la confianza para contarle lo que me pasa. Hemos sido amigos desde niños y es la única mujer que no se me antoja para hacerla mía, no es porque sea fea o desagradable, al contrario, tiene una figura diseñada por los dioses, es la envidia de toda mujer a dónde vamos. Pero yo nunca haría algo que la lastimara, es mi mejor amiga y mi confidente. Es la mujer que invitaría a robar un banco y ella aceptaría con gusto, solo pondría una condición y diría: "yo manejo". No le conté en el camino, nos fuimos a un restaurante y ya estando en la mesa volvió a pedir que le contara. - Bien, cuenta Wil - dijo ella mientras revisaba la carta, yo pedí lo de siempre para el desayuno y ella ensalada de conejo. Después de hacer nuestro pedido, me decidí a contarle. - Bueno, Miriam, ¿recuerdas el sueño que te conté que tuve con una extraña? Hice una enorme pausa, esperando a que ella me dijera que no recuerda y dar fin a esta conversación. - ¡El sueño de la cabaña s****l! - Gritó ella a los cuatro vientos y yo me tapé la cara al ver que varios voltearon a vernos. - ¿Tienes que gritarlo? - dije molesto - si ese sueño, pues te diré que la mujer sí existe - pongo expresión de incertidumbre esperando que es lo que ella me dirá, pero parece pensarlo mucho cuando al fin la escucho decir... - ¡¡¡¡Qué!!! No lo puedo creer, la mujer a la que le has hecho el amor más de 30 veces en tu sueño es real - Dios que me trague la tierra, ella no puede ser más indiscreta, no nos sacan del restaurante solo porque somos clientes frecuentes. - Soy novelista y estoy escribiendo una novela nueva, se llama "Cómo te cojo en mis sueños", es erótica por si la quieren leer - dijo ella tratando de hacer nuestra plática algo normal, aunque la normalidad se fue ya hace mucho. - No han sido 30 veces, no seas exagerada - Dije mientras le daba un trago a mi refresco. -Como no, a cada rato soñabas con ella en lugares diferentes, hasta los tengo anotados. Sacó una libreta de esas pequeñas de su bolso. -¿Cómo? ¿En serio? -Miriam dijo. No sabía si reír o llorar con ella, ella siempre me sorprende. -Sí, mira día 1. Sueño en un auto. Sueño en una piscina. 3 en un estacionamiento. No sexo, solo salieron a cenar. 5... y así continúa hasta que llegó a una que me interesa: 15. Sueño en el baño. 16 en la cabaña. -¿En el baño? -pregunté. ¿Qué es lo que acaba de pasar hace un momento antes de salir de mi casa? -Sí, tengo los detalles, mira. Entro al baño y la veo completamente desnuda viéndose en un espejo gigante que está en la pared. No puedo evitar desearla, blablabla. Lo demás es bien sexoso, no apto para menores jajaja. Me quedo ido como si hubiera visto a un fantasma. En verdad no puedo creer que le cuente mis sueños tan a la ligera a esta loca que de todo toma nota. -¿Qué es lo que te ocurre, Wil? -me preguntó al ver que ya no dije nada. -Es que eso pasó justamente hoy -dije tratando de parecer normal. -¿Estás diciendo que hoy la conociste y ya te la hechaste al plato? -... -Quién diría que la chica de tus sueños es tan fácil. -Ella mordió un pan y agachó la cabeza. -Noooo... pero ya mero. Tampoco le digas así, ya sabes que todas mueren por mí -dije sin parar de reír y ella rió conmigo. -Y si cambiamos de tema -dijo ella. Hablamos por horas de tonterías. La llevé a comer un helado y, como me lo imaginé, levantando envidias... en este caso fue Sara. No sé qué rayos piensa esa mujer, casi siempre está en cualquier lugar al que voy, siento como si me acosara. Al final, la llevé a su casa. -¿Quieres pasar a tomarte un trago, Wil? -me preguntó ella abriendo la puerta de su casa. -Claro, ¿por qué no? -dije y ella sonrió. Sabe que cuando sus pequeños hermanos están en casa, prefiero no entrar, siempre me hacen travesuras.
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