—Si quieres correr a contarle a mi papá sobre eso ¡hazlo! —increpó Kate—. Yo le voy a decir que fuiste tú el que me daba esas drogas, sabe Dios con qué intenciones. El joven soltó una sonora carcajada. — ¿Y piensas que tu papá te va a creer? —inquirió bufando—. Te castigará. —Carcajeó. —¡No me importa! —jadeó enojada Kate—. Prefiero eso a seguir saliendo con un tipo tan miserable como tú. —Así que te parezco mísero—mencionó embravecido—. Vamos a ver si después de esto, sigues pensando lo mismo —comentó furioso, y observó con la mirada llena de lujuria a Katherine. — ¡No te atrevas a ponerme una mano encima! —amenazó la chica; entonces él la agarró con fuerza entre sus brazos, la acorraló contra un muro y empezó a besarla. Katherine trataba de empujarlo, forcejeaba con él, pero el

