Fernando sintió estremecerse, inhaló profundo, tampoco le gustaba hablar sobre las cosas que le hacían daño; pero tenía que confesarse con Kate, tal como ella lo hizo. Se puso de pie tomó en sus manos el retrato de su familia. —Yo no confío en las mujeres —habló y su mirada oscureció—. Cuando yo tenía ocho años mi madre nos abandonó por irse con su amante. —El semblante de Fernando denotaba una profunda tristeza—. Nosotros teníamos un rancho en México; sin embargo, las cosas por allá estaban difíciles y mi padre decidió venderlo. Según él acá íbamos a tener mejores oportunidades; no obstante, no fue así. Cruzamos la frontera de ilegales, mi papá a veces tenía trabajo otras no, se ganaba la vida en lo que podía. —Encogió sus hombros y resopló afligido, recordar toda su infancia no era fáci

