Rodrigo lo miró con seriedad, y no respondió al ataque de su primo porque la chica apareció en ese momento, por suerte no tenía ningún daño cerebral. Roberto pagó la consulta y los analgésicos que le enviaron a Patricia, y el agente García se ofreció en llevarla hasta el hotel. Rodrigo frunció los labios, sin embargo, él apenas conocía a esa chica, sabía que fue compañera de su primo en el colegio, pero nunca entablaron amistad, entonces se despidió de ella, y se marchó del hospital. Patricia subió con recelo al auto del oficial, ella hubiera preferido ir en un taxi, pero el agente insistió: —Perdón la mala educación Fernando García, a sus órdenes —se presentó él. —Patricia Córdoba —contestó la muchacha. En el camino el agente García, trataba de hacer conversación; sin embargo, ella

