Prólogo.

1583 Words
Rachel. Tres años después ... ¿Alguna vez se sintieron estancados? Mi vida está estancada desde el momento en que cometí el peor error de mi vida, nada fue igual desde ese día. No debí hacerlo, pero borracha me casé con ese hombre hace tres años atrás, un completo y misterioso desconocido que no se porque me llevó a caer en su nebulosa de tentación, lo que pasa en Las Vegas debe quedarse ahí y ambos hicimos eso, a excepción de mi hermana nadie sabe de esto, años ocultando un secreto porque no tengo idea de él ni de su paradero. Quiero el divorcio, cada vez veo imposible esto y eso me lleva a sentirme en este estanque dónde mi vida está detenida mientras todo avanza. Tengo el trabajo que siempre quise, soy perito forense en la policía de Chicago, amo mi profesión, pero siempre aspiré a mi sueño de enamorarme, casarme y formar una familia con un gran hombre que me amará, quiero algo como la historia de amor de mis padres o la de mi hermana Jessica, lástima que nunca podré con eso, más con un matrimonio que solo es por papeles. — Rachel — me sobresalto al escuchar mi nombre. — Landon — murmuro cansada al mirar al hombre que me esperaba fuera de mi departamento. — Deja de ignorame — pide al acercarse a dónde estoy parada. — Landon, te dije que pierdes el tiempo — digo al mirarlo a los ojos. Landon Meitzner, fue la primera persona de la cual me enamoré perdidamente como una estúpida colegiala, pero como típico de hombre me rompió el corazón y despechada, sumado a la alta dosis de alcohol en mi sistema me llevó a casarme con ese atractivo desconocido. — Rachel, anoche pensé que nos habíamos entendido — comenta tomando mi mano. — Solo fue sexo, nada más. No puedo darte más que eso y deja de perder el tiempo en tratar de reconquistarme — le pido cansada. — ¿Nunca vas a perdonarme? — pregunta suspirando. — Que te vayas sin decirme nada, que me rompieras el corazón y sobre todo que me digas que no era nada en tu vida. Eso lo superé Landon, debes hacer lo mismo — respondo mirando sus intensos ojos grises. — Me equivoqué, Rachel — declara apoyando su mano en mi mejilla. Esos ojos de los cuales me había enamorado ya no tenía esa magia de años anteriores, tenerlo así no causaba nada y está vez era yo la que no quería romper su corazón. — Debes darte una oportunidad con otra mujer, conmigo pierdas el tiempo — repito siendo sincera. ¿Qué clase de seguridad le puedo dar? En si, soy una mujer casada con un esposo que no sé dónde demonios está y él cuál deja todos los meses una excesiva cantidad de dinero en mi cuenta para mantenerme, no se porque no viene a qué firmemos los papeles de divorcio así cada uno podía seguir su vida sin sentir que estoy haciendo adulterio. — Rachel — dice mi nombre. — Vete, Landon — le pido cansada. Dejando al hombre rubio de ojos grises en la acera, subo a mi departamento sin mirar atrás, porque no quería jugar con él, no hagas lo que no te gustaría que te hagan. No soy como Landon y nunca le rompería el corazón a una persona sin importar que tan mierda puedo haber sido conmigo. — Rachel — lo escucho detrás mío. — Por favor Landon, vete — siseo abriendo la puerta de mi departamento. — ¡Carajo, te amo! — exclama. — Amore — un jadeo sale de mi boca al escuchar esa voz y ese acento. ¡Imposible! — Daniel — musito mirando al impresionante hombre que estaba sentado en mi sillón. ¿Qué demonios? — ¿Quién carajo es Daniel? — espeta Landon empujando la puerta para ver quién estaba dentro. Ambos hombres se miran, el italiano sonríe de lado y fija sus ojos claros en mí persona. — ¿Hablas tú o quieres que hable? — me pregunta divertido. — ¿Quién mierda es este? — gruñe el rubio cabreado. — Vete Landon — le pido tratando de empujarlo fuera de mi departamento. — Dile quien soy, amore — habla el italiano levantándose del sillón. — ¿Quién es Rachel? — exije una explicación Landon al mirarme a los ojos. Me quedo muda mirando a ambos hombres, uno estaba furioso y el otro sonreía con arrogancia, como esperando ver qué decía, pero en ese momento las palabras no salían de mi boca al estar tan nerviosa. Nunca imaginé que esto podría pasar. — Como ella no dirá nada, te lo diré. — sonríe terminando de cortar la distancia que nos separaba de él. — Daniel Salvatore, su esposo hace tres años — se presenta sonriendo divertido. — ¿Esposo? — sisea el otro clavando su mirada en mí rostro. — Dile amore — acota. — ¿Es tu esposo? — pregunta con rabia Landon. — Daniel es mi esposo — confirmo avergonzada. — Te acostabas conmigo y estabas casada — me reprocha. — Que mala esposa tengo — habla Daniel sin borrar la diversión en su rostro. — ¡Landon! — grito al verlo girarse para irse. — Todo este tiempo solo jugaste con mis sentimientos — acota dolido. — No Landon, eso no es cierto — trato de frenarlo pero él sale de mi agarre. — Entra a la casa, amore — escucho que me dice Daniel apoyado en el marco de la puerta de entrada a mi departamento. Mis ojos se encuentran con el italiano, no iba a correr a Landon porque quiero que sea feliz y conmigo sumado a mi futuro incierto no era buena para lo que él necesitaba en este momento. — Esposa de papeles — digo. — Recuerdo que consumamos nuestro matrimonio hace tres años, esos diez condones fueron testigo de nuestra noche de bodas — habla siendo tan sarcástico que me hace gruñir. — Quiero el divorcio — contraataco al enfrentarlo. — Te lo daré pero primero debo ponerte en un lugar seguro — comenta acomodando un mechón de mi cabello detrás de mi oreja. — ¿Qué? — — No voy a dejar que nadie te lastime y mis enemigos vienen por tí — dice apretando su quijada. — ¿Enemigos? — pregunto confundida. — Si, quieren dañar a mi esposa y está vez no dejaré que lo hagan — sentencia mirándome con esos intensos ojos que no se de qué color son. — ¿De qué color son tus ojos? — consulto mirándolo a la cara. — ¿Qué tiene que ver el color de mis ojos, Rachel? — refuta frunciendo su ceño. — Solo quiero saber el color de tus ojos — me encogí de hombros. — Hay días que son un verde acqua y otro un verde más intenso — responde sin dejarme de mirar. — Debemos divorciarnos — digo cambiando de tema. — Lo haremos pero primero te pondré segura — repite. — ¿Por qué? — — No tienes la culpa del mal que me rodea — se justifica. — Nos vamos — agrega tomando mi muñeca. — ¡Espera! ¿Dónde vamos? — pregunto deteniendo su agarre. — Nos vamos a Nápoles, a casa — declara tomándome por sorpresa. — ¡Qué! — chillo histérica. — Nos vamos — quiero impedir que me lleve pero saca unas esposas y coloca una en su mano y la otra en la mía. — ¡Estás loco!. Suéltame, no puedo irme, esto es un secuestro y mis padre o mis hermanos te pondrán detrás de las rejas — exclamo forcejeando. Suelta una carcajada. — ¿Jessica no te dijo que soy? — inquiere con un tinte de diversión en su voz. — Nadie sabe de nuestra boda — reconozco. — Escúchame una cosa Rachel, un sicario viene a matarte si no salimos de este lugar y si no te vas conmigo, pondrás en peligro a toda tu familia — me cuenta con seriedad. — ¿Quién eres? — pregunto con miedo. — Te daré las explicaciones que quieras, pero debemos irnos — repite tirando de las esposas para que lo siga. —¿Qué le diré a mis padres? ¿Mi trabajo? ¿Mi vida? — hablo nerviosa siguiéndolo. — Miente, pero necesito sacarte de aquí y resguardar tu integridad física. No tienes la culpa de estar casada con un líder de la mafia — dice volviendo a mirarme a los ojos. — Líder de la mafia — jadeo. — Amore, necesito que colabores y nos vayamos de este país — me pide tomando mi rostro entre sus manos. — ¿No tengo opción? — él niega. — ¿Después de esto me darás el divorcio? — consulto nerviosa. — Primero te pondré a salvó, segundo mataré a todos esos hijos de puta que quieren dañarte y cuando todo termine te daré el divorcio, Rachel — asegura. — ¿No me mientes, no? — murmuro con dudas. — Soy un hombre de palabra, por mi culpa estás metida en este problema y no quiero cargar con más muertes de inocentes — — ¿Qué? — jadeo. — Nos vamos ahora, Rachel — comenta tirando de las esposas para que lo siga. Esposada a mi supuesto esposo y rumbo a Nápoles, Italia me estaba llevando para protegerme. Siempre dije que este error traería consecuencias, solo espero salir viva de esta locura.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD