Tirada en el sofá como si fuera una vaga. Si, eso parecía. Pero que chulo era ser consentida por dos hombres. Aunque obvio solo uno me importaba. Veo llegar a mi hermana. Iba a correr a preguntarle cómo me fue, pero luego me acuerdo que no puedo, solo cuando siento el dolor en el tobillo recordé que soy tonta. Mi hermana se rio a más no poder, le encantaba tener de que burlarse de mí, pero que digo, si ambas éramos igual en ese punto. —¡Lo logré!—ella gritó a todo pulmón, y yo junto con ella un sí lleno de felicidad, porque sabía lo difícil que había sido para ella conseguir ese trabajo, fueron muchos meses verla desvelarse, buscamos la manera de ser aceptada. Robert corrió a abrazarla alzándola en sus brazos, yo sonreí por ellos. Mientras observaba a Mauricio en la cocina. Me l

