¿Cuál era la forma más dolorosa de morir? ¿Cuál es la forma más eficiente de matar a alguien? ¿Cuál era el rango de precios de un asesino a sueldo? Todas esas preguntas fueron las que me planteé una y otra vez a lo largo de las siguientes semanas de mi matrimonio con Elle Fernández. Mi sed de sangre no era calmada con ningún tipo solución porque es que buscar una solución para la maldita estirpe Bryrne, era un mito. Eso era lo que era. Después de que a Elle y a mí nos captarán teniendo sexo en la piscina, al retomar la reunión sin la presencia de mi tío o las Williams por allí, creía que algo mejoraría. Habíamos comprobado finalmente ante los ojos de los primos entrometidos que debieron esparcir chismes, que nos habíamos reconciliado. Esa distancia que vieron al inicio de la cena fue co

