La mandíbula de Arn se apretó. —Bien. Jugaré este juego, por ahora. Nos lo guardamos para nosotros, pero tengo una estipulación—. —¿Cuál es?— Tenía miedo de preguntar, pero me di cuenta de que hablaba en serio. —No hay nadie más. No hay citas de ningún tipo con nadie más que yo—. —Las citas no son...— Iba a decir que no eran necesarias, pero él me hizo callar de nuevo. —Creo que tienes un problema de control. Te has estado aferrando a todo con tanta fuerza que es hora de que dejes que alguien más se haga cargo—. Negué con la cabeza. Podría olvidarlo todo. —No. No te voy a entregar las riendas de mi vida—. —No todo—, estuvo de acuerdo. —Pero no estoy seguro de que sepas aceptar las cosas buenas. Esta vez, no puedes establecer las reglas. Apuesto a que trataste de planificar meticulosa

