54. Una semana más tarde. Mely ha hecho de todo y ha conseguido un avión privado, ya que el que nos trajo se ha ido con Dmitri. Y ahora, Sarah y yo gozamos en una de las mejores y más costosas playas de Cancún. —¿Me traerías algo dulce? —me pide Sarah, y yo puedo resistirme a sus encantos. —¿Donuts? —No. Otra cosa, sé que no me gustarán. Las únicas donuts que como son las que mi asistente me trae, bueno, me traía cuando estamos en Buenos Aires. —Salgo ahora mismo. ¿Se te apetece algo más? —Que no te tomen fotografías. —Tendré cuidado. —¿Qué harás si lo hacen? —Daré un par de vueltas, para despistarlos. Te tendré al tanto, por el chat. —Eso es, morenazo hermoso… Me lleva hacia ella y nos besamos. —Qué tal si se lo pides a mi asistente… y te quedas a darme mimos… —Bien pensado

