58. Luego que su madre se marchara, Sarah estuvo insistente haciéndome preguntas. Le conté unas tres veces todo lo que ha pasado desde que se fue sin decirme a dónde. Pero aún así no la veo satisfecha, menos tranquila. ¿Qué pasa? Sabes que puedes confiar en mi —le digo, pero ella solo se queda en silencio. —Nada, son cosas de familia… —me dice luego de un rato. —Ah, bueno, perdona. Sarah se da cuenta que me ha ofendido. —No lo dije para ofenderte. No era esa mi intención, pero mi familia es bastante complicada… Solo no quiero que te preocupes por eso… —¿Cómo no hacerlo si cada vez que hablas con uno de ellos quedas mal? —Quiero que me respondas algo, y espero que me digas la verdad. —Dime. —Mi madre. —¿Qué pasa con ella? —¿Hizo algo indebido? —No que yo sepa. —Vamos, Anton, y

