49. Una semana después. Despierto por el ruido infernal del teléfono de Sarah. Abro un ojo, luego el otro. Mi cabeza va a estallar. Anoche bebimos desde muy temprano. Apenas puedo recordar algo. Las paredes, las cortinas, y todo acá es de un blanco brillante que me obligan a cerrarlos de nuevo. Sarah está de pie, completamente desnuda, frente a la gran ventana que da hacia la playa. Contesta la llamada. Cada vez que la veo, apenas puedo creer que estemos juntos. Ella tan hermosa y elegante, y yo, tan salvaje y algo primitivo… Siento que sigo en un eterno sueño del que no quiero despertar. Es un día sin una sola nube en el cielo, como el día de ayer, y anteayer. De todas formas me incorporo, y voy al baño. Me doy un rápido baño con agua fría. Tengo pequeñas marcas moradas al rede

