Alexander Cipriano El día anterior… Miro los ojos avellanados de Lucille, parece deseosa al verme sin camisa y es que sus manos no pueden estar quietas o alejadas de mi torso, pero su tacto me parece frío y desagradable. Me contengo de mandarla al infierno y pienso en otra estrategia mientras que Clementina está en mi habitación esperando a que cumpla su petición. «Tomar todos sus hoyos es mi placer culposo» pienso frustrado de que Lucille tuviera que interrumpir lo que se iba a incendiar en este lugar. Rechino mis molares pensando en otra opción para salir de ella y volver con mi fresita. De repente, se escucha un ruido en la habitación cosa que llama la atención de Lucille. ─¿Hay alguien allí? ─Pregunta arrugando su entrecejo. ─No hay nadie ─digo interponiéndome en su camino.

