Ariel Lacronte Blum Veo cómo el auto de Sirius se aleja de mi vista y queda en mí la sensación de sus ojos fríos sobre mi piel. Todavía no recuerdo cuándo fue el momento en que él comenzó a odiarme, simplemente decidió levantarse un día y gruñirme cada que me ve. Hemos crecido juntos, nuestros padres son muy cercanos, quizás fue…desde que decidí convertirme en monja. ¡Pero que tonta razón para odiarme! ¿Acaso ahora es el anticristo? Imposible, su padre fue sacerdote y lleva una cruz colgada en su cuello. Dejo salir un resoplido sin poder saber la razón exacta y temo preguntarle. Entro a la casa cerrando la puerta. Acaricio la cabeza de nuestra gatita de pelaje blanco llamada “Señora Ruperta” ella ronronea en mis piernas en muestra de afecto. ─¿Qué piensas de Sirius Cipriano? ─Murmuro h

