Ariel Lacronte Miro el rostro de Cielle, en el auto cuando sus padres regresan para llevarnos a la casa. No sé qué le habrá ocurrido en la iglesia, pero se nota algo…¿Sonrojada? Suspiro sin poder saberlo puesto que se cierra por completo. Así son los Cipriano, indescifrables. ─¿Qué tal les pareció el sacerdote Morgan? ─Pregunto hacia Clementina y Alexander, quienes están en los asientos de adelante. Se miran entre sí. ─¿Ahora es un requisito que sean jóvenes y guapos? ─Espeta Alexander. ─¡Tú también lo fuiste! ─Suelta Clementina─. El sacerdote más guapo que he visto en mi vida ─añade su esposa. ─No digas esas cosas delante de las niñas ─murmura Alex apenado haciéndome reír. ─Ya no son “niñas”, Alex. ─Para mí, siempre lo serán. Sobre todo, mi cerecita ─declara el señor Cipriano

