18

4068 Words
  Crónicas VIV Las colinas del amor sin duda son las más difíciles de escalar. Es una montaña rusa de emociones, no sabemos cómo todo influye en las cosas que puede pasar. A veces los sentimientos se esconden debajo de un manto rojo que se llama destino. Cuando la persona que quiere, logra atravesar aquel manto rojo puede llegar a ser querido. Mientras tanto, aunque los separe centímetros de  distancia. Sus corazones seguirán sin encontrase. Sin poder saber lo que el otro tiene para alguien. Esta realidad se presenta en cuerpo presente, las emociones y la mente exhorta el plano terrenal, y fantasea, y hasta llega a acercarse tanto a él o ella, que pareciera poder tocarle el corazón con sus manos. Pero ese manto actúa. Y entonces se dan cuenta que no es así. Y poco a poco ese manto los va alejando más y más.  Entonces aunque el guerrero tenga valentía, no le servirá de nada, no podrá enmendar el error, o no podrá cortar ese manto rojo. Todos tememos a ese manto rojo. Las posibilidades de romper ese manto rojo son de una en un millón. Pero aún se puede, pero será un camino vertiginoso, que aguarda muchos retos, calamidades y desgracias. Cambios en la personalidad y dolores matutinos no de cuerpo sino de mente. Ese manto rojo tal vez sea lo peor en el mundo, debe ser el desafío más grande en el amor y en la ilusión.  Es un bastión que esta rebañado en acero, un muro impenetrable. O como una espada filosa que es de doble filo que con un movimiento en falso da paso a la muerte. Entonces tenemos muchos errores el primero de todos pensar en que puedes. En solo pensar en poder, causa que las emociones suban a la cabeza como el humo de un tabaco. Excite a las emociones y te bañes de valentía y entusiasmo.  Todo esto da paso al error más grave un “Hola”. Pasa a la tragedia, la destrucción de las emociones al saber que esa persona no va a ser tuya nunca, pronunciado por las mismas palabras de la persona. Después el saber que tiene a un tercero del cual está enamorado como ninguno. Eso parte el corazón en miles de esquirlas parecidas al vidrio.   Y se riegan en el piso, entonces sientes en la garganta una soga imaginaria que te está apretando mucho. Como con ganas de llorar, pero no lo haces, nunca lo demostrarías, para eso solo aprietas los puños conteniendo la rabia y la indignación que contiene el pecho. Y todo esto da paso al desastre, el mismo velo rojo del destino los separa, para tal vez después unirlos otra vez. Aunque antes de eso, puede pasar días semanas años o décadas. Fragmento del Libro sin autor “Que es el Amor”     Capítulo 24 La mañana volvió caer, y él estaba encima de mí abrazándome, evito que en la mañana pasara frio como de costumbre el frio glaciar del norte no era clemente. Le vi directamente a la cara, era guapo, muy guapo a pesar de que tenía más de dos mil años. A veces pensaba que la mala suerte le había caído el día que los vampiros llegaron al bosque, pero las cosas no se pueden arreglar con lamentos. Mucho menos con recuerdos y tristeza o así lo creo yo. Esteba deprimida, escuchar a aquella que para mí había sido como mi hermana por muchos años, me había partido el corazón en mil pedazos. Estaba concentrada como en las tareas, debía seguir con el plan de escape con eso me distraería. Describiendo aquellas sensaciones que eran de lo más horribles. Puedo decir que la hipocresía era la madre de las mentiras y la causante de los problemas más comunes en el mundo. Cada palabra que ella entonaba con su voz era como una espada que me atravesaba que causaba un fuego que quemaba mucho, en otras palabras era como una bala de los fusiles de los guardias. Pasado aquel momento en mi cabeza sentí un dolor intenso como cuando hay mucho calor. O como cuando por error se sale sin comer de casa y los efectos del ayuno empiezan. Y en mi pecho había como un espeso nudo que no me dejaba hablar. Y ese nudo después se desataba y se desplazaba hasta la boca del estómago donde sentía una puntada que no dejaba que pronunciara ni una sola palabra. En fin estaba confundida y agotada, me levante de la cama con cuidado para no despertarlo a él. Baje a la cocina y prepare desayuno. Hoy era el día de la fiesta. Era sábado por la mañana. Creo que Mar iría con Josu. Pero ahora no me importaba eso debía estar más ocupada en el plan de escape. Primero desayune y guarde el desayuno de Darius en la cocina. Me propuse a empaquetar lo necesario. Solo lo necesario. Aunque no me decidía bien que cosas exactamente, prefería esperar a que Darius me dijera que llevar, me gustaría que fuera lo antes posible, mi cita para ir al doctor  a verificar el estado mental y físico para la cura ya había sido convocada. Así que si esta semana nos escaparíamos a la frontera sería mucho mejor. Mar seguro pensaría muchas cosas después de mi desaparición pero no me importaba en lo absoluto. Ahora podía hacer lo que quisiera con su Josu. Subí del sótano a la cocina y Darius estaba en la cocina. Lo salude  con un beso en la mejilla. —Ya estas despierto. —Si , — Ahí hay comida —Señale con mis labios a el sartén. —Vale. —Come bien debemos prepararnos para irnos de aquí. —Te ves mejor que ayer. —Si ya estoy mejor. Parecía que iba a decir algo más, algo como dándome un reproche por la pelea con Mar de anoche. Pero en realidad creo que no lo iba a ser solo era una idea loca que yo pensaba. Como un punto de inflexión él se sentó en la silla para comer el desayuno. Aunque le pasaba algo, estaba como más serio que el resto de los días. —Pasa algo. —EL miro el plato. Me estaba evadiendo. —No. —Si te pasa algo, estas más callado de lo común. —Confirme que estaba evadiendo algo. —Creo que la pelea con Mar no fue la manera de resolver aquel mal entendido. —O con que era eso. —Fingí no estar enojada. —Sí. —Ella empezó. —Te estas comportando como una niña. —Creo que me enoje cuando menciono la palabra Nina. Nunca me lo habían dicho antes, creo que desde que mis padres estaban en casa nadie me decía así. —Ella dijo lo que tenía que decir. —Son amigas desde hace mucho, no deberías terminar así esa relación con ella. —Creo que desde que le doy lastima he tenido esa relación —Creo que mis palabras fueron algo toxicas. Esperaba una respuesta más normal, una respuesta de una persona madura, pero vaya soy yo, no esperes nada normal de mí. —Además los amenazaste con un cuchillo. —Solo fue por el enojo. —Nadie saca un cuchillo por enojo solamente. —Sí. —No. —Repico. —Creo que no llegamos a ningún lado con esta conversación. —No te voy a llevar a la ciudad de la libertad sin que antes te reconcilies con Mar. —¡Que! —Me levante de la silla tan rápido que hice que la misma cayera al piso. Se había puesto del lado de Mar y llevaba ventaja, claro necesitaba de él, para poder salir de la confederación pero sin su ayuda todo iba a ser más difícil. Estaba enojada.  El Nefelim era astuto me había puesto contra las cuerdas. —¿Me estas amenazando?     —Me cruce de brazos y con orgullo me llene el pecho. —No te estoy chantajeando. Mejor dicho, si no te reconcilias con Mar, no te llevare afuera de este país. —Y si me reconcilio ¿Me llevaras?  —Sí. Pero debe ser una reconciliación de corazón. Y mi Don me dirá cuando sea cierta y no por hipocresía. —Este Nefelim me estaba sacando canas, de verdad que tenía muchos poderes debajo de esa piel bicolor. —No te prometo nada. —Entonces tardaremos más en irnos. —No y como hare con la cura. Si me inyectan estoy perdida. —Entonces reconcíliate rápido con ella. Estaba cansada de aquella absurda conversación deje la sala como niña de quince años y me fui al cuarto para cambiarme si quería una reconciliación la iba a tener. Estaba tan enojada que deje me fui de la cocina sin mirarlo, pero sé que se estaba riendo de mí. Me vestí rápidamente, me puse una falda y una camiseta de magas largas. Ya no tenía miedo a lo que viniera iba a ir directamente a la casa de Mar. La confrontare y me disculpare entre comillas con ella y así ganaría otra vez su amistad, después volvería con             Darius para que nos largáramos de este lugar. Ya vestida baje a la cocina estaba decidida a fingir una disculpa, seguro lo del Don era solo para asustarme no creo que nadie pueda sentir lo que los demás están sintiendo por dentro. Era imposible ese era el poder de un dios. O tan siquiera eso es lo que nos habían dicho en la preparatoria. Baje las escaleras y él estaba lavando los platos. Tosí hasta que llame su atención y volteo a verme. —O vas a salir.           —Si —¿Iras con Mar? —Si me reconciliare. —O que bien. Así podremos irnos más rápido. —Sí. Bueno ya sabes que nadie te vea y ten cuidado con los vecinos. —Me detuvo —Espera. Yo voy contigo. —¡Que! Te has vuelto loco. Y si te ven. —¡Tranquila! iré en mi forma animal como tu mascota. —No me niego. —Volví a cruzar mis brazos y después cerré los ojos indignada. —Entonces nos vamos a tardar más para escapar. —Porque me manipulas con lo del escape. —No lo hago solo digo. —Esta vez lo mande a callar sin ningún tipo de educación. —Espera, ahora me hiciste enojar. —Fui a el—. Iras conmigo pero no me expongas. Dijiste que te podías transformar en cualquier animal verdad. —El afirmo con la cabeza—. Transfórmate en una mariposa de cristal para que vayas en mi pecho. Y así veas de primera fila mis disculpas con mi amiga. —Echo. Lentamente el cuarto se llenó de una neblina naranja y un destello de luz inundo el cuarto. Después de donde salía la luz apareció la mariposa de cristal. Estaba impresionada el chico de verdad se podía convertir en la mayoría de las cosas. Y esta mariposa era perfecta además que podía usarla en mi vestimenta. Quedaba perfecta en la brecha de mi pecho, para que la camisa no se viera tan simple. De repente escuche su voz en mi mente. —Lenya ten cuidado de pasar al lado de un Mage. —¿Porque estas en mi mente? —No estoy en tu mente, te puedo hablar atravesó de la telequinesis y telepatía. —¿También tienes eso? —Si pero escucha, no pases por un lado de un Mage porque me puede descubrir, si ves uno por la calle, cruza para el otro lado o evítalo, o que no me llegue a ver. Entiendes. —Sí. La charla mental que estaba teniendo con el Nefelim era entretenida más porque ni siquiera debía usar mi voz para hacerlo, pero poniendo rumbo a la casa de Mar cerré las puertas de mi casa y camine por la calle. Pase por el parque donde varias veces me había encontrado con Héctor y seguí avanzando. No había ido a la casa de Mar desde antes que empezara la secundaria, esa vez recuerdo que la mama de Mar nos preparó galletas. Sabían deliciosas eran de chocolate y cacao. Después salimos a jugar al parque, Mar siempre traída sus accesorios de belleza mientras que yo prefería jugar el escondite. Los arboles nos escondían de las sombras y antes que el imperio pusiera las reglas tan estrictas recuerdo que pensábamos como iban a ser nuestros novios en un futuro. Después dibujábamos las casas de nuestros sueños, recuerdo que ella siempre dibujaba una con amplias ventanas y lagos corredores, parecía un castillo, tenía matorrales y arboles alrededor con un jardín enorme plantado de petunias y jazmines con una piscina y fogones para hacer parrillas. También tenía cuartos como arena en la playa y una bonita vista a la pradera. Siempre había soñado con esa casa, por una etapa de su infancia que yo llegue a pasar con ella, solo hablaba de eso. Cosa que no me interesaba en lo absoluto solo estaba con ella para después jugar al escondite. Un día en las vacaciones de verano antes de entrar en la preparatorio jugábamos a las escondidas en el mismo parque. Ella se había escondido, pero lo había echo muy bien, tanto que por más que buscara no podía encontrarla. Yo pensaba que estaba muy bien escondida, pero en realidad estaba en peligro, estaba colgando de una rama antes de caer al peñasco que daba a un rio. Si caía seguramente iba a estar en peligro de muerte.  Yo escuche su voz y rápidamente fui a su rescate.  Pase por las amplias varas de bambú que se elevaban al cielo. Y aunque me raspe toda la piel por culpa del bambú y constantemente me producía dolor moverme por entre las varas, con gran fuerza que desconozco al día de hoy de donde la saque, pase por entre esa encrucijada tan salvaje. Mar estaba gritando desconsoladamente no la había encontrado antes porque el bambú hacia un efecto de in-sonoro y nadie afuera de la grandes barreras de bambú podía escucharlo yo estaba sola. Fui rápido a  donde estaba ella, y recuerdo como me suplico con lágrimas en la cara y con pánico que la salvara. Yo estaba decidida a hacerlo nada me iba a parar. Primero tome la rama de donde estaba agarrada, eso era lo único que estaba sosteniendo a Mar de la caída letal, y además esa rama no era es si una rama, sino una raíz del mismo bambú que sobresalía de la tierra. Tire con fuerza aquella raíz para que el rio no se llevara a mi amiga.  Tire con todas mis fuerzas, con todo lo que tenía y podía, nunca desistí. La bajada era empedrara así que un golpe con una de esas piedras significaba un peligro considerable para mi mejor amiga. Al pensar en eso no evite en sonreír, era inevitable ella había sido mi única compañera desde hacía mucho tiempo y si se había quedado era por algo. Después que tome la raíz rezando a dios para que no se quebrara conseguí subir un poco a la chica. Hasta el nivel de la tierra ahí, rápidamente la tome de su pantaloncillo y la levante. Y juntas caímos al piso sanas y salvas. Nos quedamos un rato en la misma posición pensando en que hubiera pasado si hubiese caído, además ella estaba completamente pálida y llorando, por el mismo miedo de morir se fue a mis brazos llorando sin consuelo alguno. Yo la abrace y consolé de todas las maneras posibles, pasamos horas sentadas allí escuchando el fluir del rio. Poco a poco nos calmamos por completo y después de eso regresamos a casa. Dijimos lo que había pasado a la Mama de Mar y le dio una paliza y a mí un reproche y casi me daba un golpe de no ser porque Mar se metió en medio. Después de ese incidente deje de ir a la casa de Mar creo que a su familia le parecía que era una mala influencia. Cosa que en cierta parte era realidad, el día de la pijamada no contaba como una ida a su casa, porque más chicas estaban allí y además el grupo escondió la presión familiar. Las cosas siempre para nosotras estaban difíciles mis pensamientos eran revolucionaros y contra los estatutos que ponía el gran tirano que teníamos por gobernante. Siempre había querido ser libre e independiente aunque eso lo venía haciendo desde pequeña. Pero Mar por su parte era un títere del sistema, hacia lo que le decían los guardias profesores y sus padres. Cosa que no era malo, era admirable, tener aquella capacidad de obedecer órdenes y pautas,  lo malo era a quien obedecía. La razón por cual nunca nos habíamos separado antes era porque yo escuchaba todas sus ideas y yo las mejoraba y las convertía en mejores. Más tarde la muralla que estaba entre nosotras cedió y surgió aquella gran amistad. Pensándolo bien eran más cosas buenas que malas, y lo que había pasado ayer era un error, ella no pudo explicarme aquellas cosas horribles que dijo porque no le di un chance. Yo era la culpable de mi actitud descontrolada, además le había amenazado con un cuchillo. Esa no era yo ayer. De verdad Darius  llevaba toda la razón del mundo. Yo había quedado como una loca enfrente de los muchachos. Ahora estaba dispuesta a disculparme y dejar pasar aquella noche de emociones y diferencias. Haría las paces con ella y con un poco de tiempo creo que hasta iría a la fiesta en Portville. Con emoción camine a la casa de Mar con toda la confianza del mundo hoy Darius me iba a ver la reconciliación entre amigas más linda del mundo. Camine por las calles que faltaban hasta que llegue al jardín delantero de su casa. Antes de entrar a la puerta traje saliva. Había pasado tiempo desde que llamaba a la puerta con aquella confianza que me caracterizaba tres timbrazos largos, esa era nuestra señal. Subí los tres escalones con algo de lentitud, después me quede viendo la puerta de pino oscuro. Dude en tocar el timbre, respire hondo y lo presione. Pero nadie salió. Creo que nadie me había escuchado seguro estaban en la parte trasera,  volví a tocar, pero parecía que nadie estaba. Me di media vuelta resignada y me dirigí a casa, seguro que iba a leer el libro, Mar seguro que había salido con Josu y además para ser franca, no creo que me quisiera ver. Seguro ella estaba entretenida con lo de la fiesta. Y como ninguno de sus familiares estaban, decidí dejar aquello así. —Vas a dejar eso así después de haber venido para acá. —La voz de Darius volvia a mi cabeza. —Si seguro esta con las cosas de la fiesta. —No pero debes persistir. —Déjalo vendremos mañana. —¿Segura? —Sí. —Bueno regresemos. Miraba al piso pensando en cómo era la vida de corta y cambiable, un día estábamos riendo y otro llorando, un día arriba y otro abajo. De ricos a pobres y de atas hacia adelante y más tarde de bueno a malo. ¿Que era la vida en sí? No era un capítulo de una novela que tenía como escritor al tiempo. Estaba segura que las cosas eran muy surrealistas. Era como poner a reflejar un espejo con otro, solo llevaba a otro reflejo y ese reflejo a otro. Debía admitirlo estaba triste, quería ver a Mar, e ir a la fiesta y dejar que el pasado quedara atrás pero no la conseguí. Creo que tampoco me iba a soportar todo el tiempo. Ella se cansó de mi actitud y cuando volví para disculparme era demasiado tarde Así era la vida, el tren pasaba una sola vez por la estación y si uno no se apresuraba se quedaba sin viaje y con las maletas y las ganas. Volví a mi casa cabizbaja y con algo de tristeza en el camino Darius no dejó ni una sola palabra, tal vez no quería meterse en mi reflexión o tal vez no tenía nada que decirme. Pero el en todas las formas tenía razón. No debía estar enojada con Mar y muchos menos cuando hemos pasado por tanto,  y si no me abandono en aquellas etapas tan duras de mi vida y encima la salve de muchas cosas en varias ocasiones, no era para que estuviésemos separadas, debíamos estar juntas, aunque su novio me haya robado la esperanza de darle un mejor futuro. La casualidad nos hizo amigas, pero el tiempo nos convirtió en hermanas aunque no fuera de sangre. Pero ahora solo me quedaba esperar hasta mañana cuando regresara de la fiesta. Seguro iba a tener una resaca bestial, así que le compraría su jugo favorito el de pera. Corrí a la tienda con más emoción y lo compre. El cambio había sido efímero del odio a la amistad otra vez. Las cosas del corazón no se pueden poner en la ciencia de la lógica. Era como poner en una balanza piedras y en la otra parte algodón del más fino. Las rocas iban a pesar más. Compre el jugo en la tienda y fui a la casa, me recordé que debía entregar los libros ya estaba retardada con la entrega de los mismos. Así que fui directamente a la casa, cuando llegamos Darius tomo su forma normal, parecía estar cansado y dijo que le cansaba mucho usar esos tipos de forma, o algo por el estilo. Yo le dije que iría a dar un paseo y a entregar los libros. Él no me detuvo en ningún momento más vale dijo que iba a ordenar el sótano. Yo subí y busque la colección de libros que había traído desde la biblioteca, busque la Magicleta y después me fui a al puentecillo para cruzar a la gran ciudad de Portville. Pase por el camino donde los guardias de verdad no me preguntaron por nada en especial solo por algunas cosas y los documentos. Pase ligeramente la revisión y seguí avanzando hasta llegar a la plaza central de la ciudad dos cuadras después estaba la biblioteca. No quería encontrarme con Héctor. La manera en que me trataba estaba cambiando o era que me estaba tratando con más confianza. Estaba raro últimamente. Bueno cuando llegue a la cuadra de la biblioteca espere a que Héctor saliera de su turno para no tener que darle explicaciones. Aunque pase mucho tiempo afuera de la biblioteca parecía una tonta así que me decidí en entrar con el riesgo que conllevaba. Entre por la gran puerta de madera y llegue justo al mostrador, para mi mala suerte Héctor estaba allí, cuando me miro, dejo el lugar de trabajo y se dirigió a mí. Porque lo hacía no tendría problemas por dejar de trabajar y recibirme a mí. Además porque me recibía con gran alegría. Me sentía apenada y mi corazón estaba latiendo muy rápido. Después el llego con su carismática sonrisa de siempre debía admitirlo era lindo y se veía confiado. —Hola. —Su voz era ronca como la última vez, esa voz me hipnotizaba. —Hola. —No dije más palabras y un silencio persistió por unos minutos. —Vienes a entregar  los libros no es así. —Sí. —Seguramente había visto la maleta llena de libros. —Bueno pasa vamos a hacer el papeleo. —Sin quererlo fui detrás de él. En la recepción estaba la chica del otro día, la de ojos claros y cabello lacio. La verdad es que esa chica era muy bella, como Héctor no se habría fijado en ella. —Dame los libros. —Yo le pase la mochila, al ponerla en la mesa hizo un sonido singular como si un martillo golpeara la mesa, que llamo la atención de todos. Yo me ruborice bastante, tanto que me mataba la vergüenza. Pero Héctor seguía confiado, y sonrió con maleza—.  Tranquila eres una lectora pesada ¡je! No sabía si distinguir entre una broma o una burla pero en realidad me calmo más, debía agradecerle, yo tenía pánico escénico y que mucha gente me mirara era bastante malo en mis días. Héctor abrió la maleta y después saco todos los libros, reviso la contraportada y sello con un sello mágico, pero lo hizo demasiado rápido como para seguirle con la vista.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD