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4135 Words
—Vaya que te gusta leer. —Inmediatamente vi atrás para ver quien me interrumpía. La voz ronca me asusto. Vi con más cuidado y ahí estaba el, Héctor con su sonrisa tan marcada como siempre, con deslumbrante ánimo y una voz que imponía. Estaba vestido con un short y una camisa blanca, hoy estaba más bronceado que ayer, su tono en la piel era más oscuro, en comparación al día anterior, que le había pasado a su piel. Casi ni lo reconozco por lo mismo.   Con avidez cerré el libro y acomode mi postura para responderle, jugué un poco con mi pelo para estar más relajada. —No te había visto Héctor, ¿cómo estás? —Pues bien… y ¿tu? —También estoy de maravillas. —Oye te ves muy linda hoy. —Sentí como se me revolvió el estómago al escuchar sus palabras. —¡Ay! Gracias tu siempre tan caballeroso. —¿Porque no me llamaste? —Sería peligroso —Refute con rapidez—. Incluso es peligroso que nos vean aquí. —Pues creo que no lo es solo si lo haces para hablar de cosas que no sean del… tu sabes. —No era necesario que lo dijera sabía perfectamente lo que estaba diciendo. El vio un par de veces el parque, buscando algo su mirada divagaba entre las bancas y demás partes donde la gente solía sentarse a escuchar música o leer un libro. Su actitud hoy era rara, aunque llevaba conociéndolo poco, era como si hubiera hecho un crimen culpable de ser señalado. Como si hubiera robado algo de gran valor, su actitud daba miedo, yo estaba un poco desconcertada y asustada. —¿Oye en que página vas del libro? —Pues voy en el capítulo dos. —El me vio como si esperara decir algo mas. —Crees en la Utopía. —Dices lo que escribió Carpinsor, lo de un mundo sin guerra u odio, el lugar donde solo hay amor y esas cosas. El afirmo con la cabeza, tal vez yo estaba siendo muy indiscreta o estaba hablando muy fuerte, pero desde ese momento solo pude escuchar un par de palabras para el resto de la conversación. —Si hablo de eso. —Pues que te puedo decir. —Búscale un significado. Cuando lo tengas llámame, y además cuando tengas ese significado y cuando entiendas que es amar, podrás ir a un lugar parecido a la Utopía en esta tierra. —La ciudad de la libertad. —Dije asombrada, casi me salgo de la silla de ruedas. —No es algo parecido. —¿Qué es? —Espera a que llegue el momento. —Lee las siguientes páginas del libro, llega tan siquiera hasta la mitad, y reúnete conmigo el miércoles por la noche en este mismo parque detrás de aquellas vayas —Señalo las vallas que estaban después del pequeño estanque, ahí era un perfecto escondite nadie podía ver desde afuera. —A qué hora. —¿Por qué estaba quedando con un completo desconocido en un parque un miércoles en la noche? No lo sabía pero tampoco me quería negar. Mis palabras se salían solas de la boca. —A mitad de la noche. —¿Héctor tu estas curado? —Lo sabrás esa noche, sé que es egoísta pedírtelo de esta manera pero es mejor para que comprendas todo. —Sus ojos estaban algo más oscuros, como si estuviera conteniendo algo, como si hubiera pasado algo. —Está bien. —Sin más Héctor empezó a alejarse de mí. —¿Ya te vas? —Si debo hacer algo, nos vemos ese día y recuerda leer el libro. Sin más que esas palabras al aire con un aire misterioso el pequeño muchacho salió de mi vista, perdiéndose después de la puerta del parque. El punto bueno era que el me había dicho que estaba linda, una puntada me había dado en el pecho y hasta me puse nerviosa. Tuve que contenerme en agarrarlo y darle un abrazo. De besarlo hasta que me faltara el aire y de tenerlo a mi lado hasta que se terminara el día, pero no era prudente hacer un acto de hormonas en aquel infame parque. No podía había ojos en cualquier, y si las paredes tenían oídos los parques más. Intente leer algunas páginas más del libro, pero falle solo pensaba en aquellas palabras de Héctor, para que quería verme de noche, además debía ir a la tienda a comprar ropa para la ocasión. No tenía ropa decente en mi armario para acudir a una cita nocturna, lo positivo del asunto es que tenía más de una semana para prepararme y le iba a pedir ayuda a Mar. Las horas pasaron rápidas ya cuando me di cuenta eran más de las doce del día, volví a casa para comer algo y luego ponerme a arreglar algunas cosas, pensé en traducir alguno de los poemas del libro de las crónicas para ver si hallaba alguna pista pero no sabía por dónde empezar. las cosas estaban tan turbias como el agua de un mar en tormenta, mis pensamientos eran vagos y hasta comencé a pensar que robar aquel libro había sido innecesario además solo me quedaban algunos días con el diccionario. Debía apurarme tampoco me quedaba tanto tiempo para que me curaran, solo tres meses y eso se repetía mucho en mi cabeza, ósea que solo me quedaba tres meses para encontrar la ciudad de la libertad, o perecer como ser que siente. Como no había podido ir a la escuela porque no me dejarían estar con una silla de ruedas tampoco había conocido la famosa PC. De la cual estaba escuchando hablar mucho. Esa tal PC más la información que me diera la profesora de Biblioteca me ayudaría a crear otro escenario un Plan “B” por si el Plan “A” fallaba. Que ni siquiera sabía cómo era el plan “A” pero tampoco me iba a dejar ganar por el destino infortunado, yo iba a pelear aunque estuviera atada a aquella silla de ruedas. De que valió todo lo que sufrí ese día o de que valdría la sangre que derrame para proteger mi libertad, de que valdría todos estos años de aguantas redadas y guardias sino es por un soplo de libertad. No iba a mirar a los lados cuando estaba tan cerca de la meta, los peldaños de la escalera se volvían más empinados pero no iba a vacilar, también tenía la tarea de salvar a Mar, ella no podía ser interferida por la cura, a pesar de ser la más obediente de nosotras, pero nadie se merece que le quiten los sentimientos y borren la memoria, además se olvidaría de mí, no recordaría que fuimos amigas y le pondrían un novio para que después de la universidad se casara. La vida para los magos dentro de la confederación estaba pre establecida para todos. Antes de empezar a planear como haría para conocer la ubicación de la ciudad de la libertad, ordene mi cuarto parecía un desastre, los libros que eran de la biblioteca tirados en la cama y por el piso y en el pasillo que llevaba al baño. Mis medias y calcetines fuera de su cajón y la ropa sucia desbordándose de una canasta, la verdad es que era muy desordenada. Como había llegado a ese nivel de descuido, pero también con todos los problemas que había tenido, no me quedaba tiempo para nada. Apenas para comer, cosa que lo hacía en el parque o en alguna de las tiendas de la zona residencial. Para que entrar más la luz abrí las amplias cortinas y el sol penetro en el cuarto con la velocidad de un rayo. Mar llegaría en pocas horas, la había llamado por la lacrima a las tres de la tarde estaría aquí, con todo lo que le pedí, acomode los libros y los puse en la mesa. Después combatí con las medias y ropa sucia, con un hechizo de levantamiento todo lo que estaba en el piso, quedo en el aire y después lo mande hacia la esquina, pero ahora todo estaba desordenado y sin agrupar, gaste como media hora en acomodarlo todo. Después de aquella faena el cuarto lucia reluciente, y es que lo único que faltaba para que fuera una habitación de un hotel cinco estrellas era una cama más grande. Fui al baño y llene la tina, me di un baño que duró media hora más, pase mis manos por mis piernas, hombros, cara, brazos pechos vientre, pero pensado en Héctor. Con sus dedos agiles y mano calientes posándose otra vez en mis muslos como en la vez de la biblioteca. Salí después con la toalla puesta, a buscar ropa, me puse lo primero que encontré, una blusa y un short corto, que enseñaba mis largas piernas. Pero como solo vena mar estaba bien. Deje la habitación para ir de llena a la cocina, los labores de la casa consumían mucho tiempo y esfuerzo, enrede mi cabello en una larga coleta para que no se fuera a ensuciar. Lave los platos sucios que había dejado y cocine algo de arroz, con carne de cerdo. Cosa que había en las reserva de la casa, estaba siendo conservada para la cena de la navidad pero la usaría hoy, igual para navidad creo que no iba a estar allí era ridículo guardarlo. Justamente cuando encendí la cocina, escuche el timbre de la casa, con tres tonos largos. Fui con toda la velocidad que tenía la silla de ruedas a ver quién era. Pero de seguro era Mar. Cuando abrí la puerta el destello de un cabello castaño y lacio me deslumbro, era Mar. Cruzada de brazos y con una cara de Guardia mayor. —Porque tardaste tanto —Creo que por algo será —Mire la silla de rueda. Capte que estaba enojada por algo —Tengo que contarte algo. —Pasa. Juntas fuimos a la cocina, Mar empujo la silla de ruedas y fue más fácil todo. Llegamos a la cocina y mar se fue a la nevera, saco una jarra con jugo y se sirvió uno, se sentó en la mesa para beber el contenido del vaso mientras yo cocinaba y escuchaba lo que había pasado. —Mar ¿qué pasa porque estas tan alterada?—Intente calmarla. —No me vas a creer, ayer en clases. Un chico se me declaro. —¿Qué? —Como lo escuchas. Se me declaro —Hizo hincapié en las últimas palabras. —Y él te gusta… —No o Si ¡ay! no se es que… —¿Pero él está curado? —Ella negó con la cabeza, mientras que con sus brazos hacia un hueco para meter la cabeza en ellos— ¿pero te gusta? —No lo sé… —Creo que así es difícil ayudarte. —¡Gracias por decirme loca! —Note el sarcasmo en sus palabras. —No te lo estoy diciendo loca, debes tener un objetivo claro. Ósea —Intente ser explicita— si sientes algo por él, creo entonces si puede haber algo. Además te falta mucho para la cura, pueden… —Es ilegal—Me detuvo en el acto— además no creo que sea tan fuerte esto que siento como para saltarme todas las reglas. —El amor es así.—Yo acaricie su cabeza como si fuera una madre que le daba consuelo, y en verdad ella lo necesitaba —¿Y cómo se llama él? —Pregunte siendo indulgente pero con ganas de despejarle la mente del estrés que llevaba desde hace rato por lo que mis ojos veían. —Se llama Josu es de nuestra misma edad pero del otro salón. —Baje las llamas de la cocina y me senté a escucharla. —¿Y cómo se te declaro? —El llego con una carta, pero no pensaba que sería eso, me llamo detrás de los casilleros donde los profesores no pueden ver, y me dijo algo como “la primera vez que te vi, me enamore, sé que es difícil pero: quiero estar contigo, así tenga que ir a la barraca.” Y me dio la carta. Aquí la tengo. —Mar saco de su bolso una carta, en efecto era pequeña pero contendría muchas palabras. —¿No la has abierto? —Ella negó con la cabeza mientras estaba entretenida en la carta. Yo fui a y apague la cena, ya estaba listo todo, el cerdo el arroz y una ensalada que hice en pocos minutos. Serví dos platos y comimos a deleite, la cena estaba jugosa y deliciosa. Después de que nuestras barrigas estaban llenas pregunte a Mar si había traído lo que le pedí. Ella afirmo con la cabeza pero no lo había visto aun. Empuje la silla hasta la sala donde Mar había dejado la bolsa. Las compras que necesitaba para el miércoles de la próxima cuando me iba a encontrar con Héctor. Ahora le estaba dando mucha importancia a ese encuentro pero, era la última fiesta antes de la graduación. La ultima travesura antes de dejar esta tierra. Las vacaciones de verano junto a la graduación se acercaban más, así que debía mejorar rápido para conseguir la información que necesitaba en la biblioteca de la escuela, era indispensable para el plan.   Capítulo 14 Subí las bolsas hasta mi cuarto y cuando baje ya Mar estaba empacando sus cosas en el bolso de la escuela. —¿Te vas? —Pregunte, no era normal que se fuera tan rápido. —Si tengo mucho que pensar Lenya. —¡Oh! Entiendo ve con dios. —Vendré en cuanto despeje mi mente. —Hecho,  para la próxima semana ya poder caminar, iremos a la fiesta o a la escuela juntas. —Bueno nos vemos. —Sin más palabreo lo último que supe de Mar por ese día era el portazo que dio al salir de casa. Acto seguido me fui cerré todas las puertas con el seguro mágico y me fui arriba para leer más del libro. Héctor me dijo que llegara tan siquiera hasta la mitad.  Subí lo mas rápido que pude y con la espalda algo cansada me lance a la cama de un brinco. Busque el libro de Carpinsor. Y el del autor desconocido y empecé a leer. La eterna espera había culminado, la otra semana ya había llegado, era miércoles por la noche y la luna estaba llena, iluminaba perfectamente todos los senderos del bosque, desde el beso Helena no se había visto con Mau hasta hoy. Ella ese día en comparación a la semana anterior estaba un poco asustada, pensaba en el hecho imposible de que su amado lobo fuese asesinado en manos de un soldado de la legión del clan. Aunque en la sala de guerra no había escuchado de algún enfrentamiento. Esta semana había estado más pendiente de todo, desde las reuniones de generales hasta las posibles ubicaciones del hogar de los lobos, entre ellas estaba, Los ríos del Sur, La colmena del Este y las praderas del oeste. Ella reía en silencio cuando proponían una ubicación que no era la montaña del norte. El extraño comportamiento de Helena le había gustado a su padre el conde. Le concedió el título de dama protectora. Ahora el penaba que si hija por fin se interesaba por los asuntos políticos. Pero en realidad ella solo se preocupaba por esconder la ubicación del hogar de Mau. Hasta borraba la ubicación de la montaña con tinta modificando el mapa, solo para que pasaran por alta la colosal montaña era como tapar el sol con un dedo. Pero hasta ahora las cosas estaban bien. Cumplió con su tarea y pudo mantener en secreto la ubicación del hogar de los lobos. Mau por su parte también se interesó por los asuntos del consejo de sabios, fue la primera vez que entraba en la sala de los ancestros. Lobos con más de cien años de edad aquellos que guardaban la historia y el legado de los demás lobos. Con influencia de su padre, paso a ser m*****o del consejo aunque no había hablado con él en años. Pero para estar seguro de que su manada amigos y amada no corrían peligro, tuvo que tragarse el orgullo y sacar el pecho con valentía. La semana había pasado sin novedades, algunas cacerías y lunas llenas, pero nada que ver con vampiros. Al ver que ninguno de los hombres lobo había tenido un roce con los vampiros y además que los guardias no reportaron algún acercamiento de sus fuerzas se calmó, ahora pensaba en helena, no se había visto con ella desde el beso. Ese beso cálido y momentáneo que plasmo sus labios con líneas paralelas que se convertían en recuerdos.  Desde eso se había procurado de hacer más guardias de las que correspondía, no podía estar encerrado en su cuarto, si lo hacia su corazón explotaría de ansiedad. Quería verla de tal manera que hasta empezó a dibujarla en su cuaderno de anotaciones solo para tener un recuerdo de ella que lo acompañara en las noches de luna llena haciendo su guardia. Suspiros de felicidad salían de su interior al recordarla, al recordar su cuello y sus hermosos ojos. La línea de su cuerpo dibujado por un artista con muchísimos años de experiencia en total la perfección. Mientras que se recostaba a la piedra del vigía mirando a la luna y al horizonte. Pensando en ella. Hoy como hizo la semana anterior llevo un pastel, esta vez no lo hizo el, le encargo a una doncella del pueblo de al lado de la montaña que lo hiciera, lo busco en la mañana y lo dejo guardado en la canasta hasta la noche. Helena se volvió a escabullir por las sombras,   paso por la biblioteca llego a la caballeriza usando el pasadizo y corrió hasta el muro, pegada a la pared llego a la alcantarilla, quito el barrote y después camino por entre las piedras del desagüe, hasta salir a la desembocadura y bajar hasta el bosque sin ser vista. Ya no sentí miedo al hacer el recorrido le parecía ms bien excitante violar todas las reglas de la casa. Como el último caballo lo había dejado libre por el bosque, tuvo que encontrar la manera de buscar otro. Con ayuda de la doncella y dos monedas de plata no hubo problema, esta vez consiguió un potro de color n***o, era mejor para la ocasión se mesclaba con la oscuridad, era perfecto para el trabajo. Esta vez para no dejar ninguna pista, le diría a Mau que lo matara y lo llevara a su casa para que le diera de comer a sus amigos. El La traería en su espalda y todo quedaría en la sublime oscuridad. Así que emprendió el camino para llegar al rio, ya casi lo sabía de memoria aunque solo dos veces se había encontrado con Mau esta era la tercera vez. Mau también puso rumbo al rio. Salió de la cueva por una de las entradas que nadie transitaba, llevaba la canasta en su espalda y se echó a correr por el camino de siempre. Sin dificultad aunque era una distancia larga llego en diez minutos al rio. Helena hoy había llegado más temprano.  Ella ahora espera a Mau en las rocas de siempre, Helena trajo una manta para no ensuciar la ropa, pero estaba preocupada tal vez le había pasado algo a Mau cosa que no quería. Pero estaba en guerra y en la guerra nada era estable. La luna ya estaba en su punto máximo arriba del cielo. Estaba impaciente era como si los minutos se alargaran para convertirse en horas. Y así pasaron diez minutos más hasta que escucho el craqueado una rama. Enseguida empuño su espada. Abrió sus ojos hasta donde más podía y estuvo atenta a  quien se acercaba. Mau salto las ramas y paso por entre los árboles, tomo su forma humana en el aire y cayó encima de Helena.   —Hola llegue. —Musito cerca de sus labios. —Te estaba esperando Mau, pensaba que… —Ya te dije que no voy a morir tan fácilmente. —Ella sonrió con inocencia. Ambos se levantaron del suelo, ella guardo su espada, ya que cuando estaba cerca de Mau se sentía muy segura. —Te tarje algo. —Otro pastel —Respondió enseguida. —Sí. Pero este está mejor que el otro ten confianza. —Mau yo también traje algo para ti. —El hombre lobo se quedó viendo la cara perfecta de la vampiresa como si fuera una obra de arte. —¿Qué es? —Bueno en realidad son dos cosas. —El hombre lobo frunció el ceño— la primera es esto. —Enseguida de la capa saco un collar con un crucifijo brillante muy brillante— Es un collar, lo usan los humanos cuando tienen que ir a guerras y eso, dicen que es para la buena suerte. Y lo segundo es más para tus amigos que para ti, pues como siempre que vengo me llevas en tu espalda, y hoy creo que también lo harás, pues el caballo también lo puedes llevar para que tengan carne. Y así tú dirás que viniste a cazar y no tendrás ningún problema. —Mau sonrió sorprendido. —Eres muy inteligente. Y Gracias. El crucifijo es muy bonito pero ¿no será de plata verdad? —No lo es, me asegure de que fuera de acero. ¿Eso no te daña o sí? —No el acero no. Pero la plata sí. Helena se acercó un par de pasos al Lobo. Y con el collar en sus manos le indico que bajara la cabeza para ponérselo. Mau se acercó a ella y bajo la cabeza lentamente hasta que estaba completamente con la vista al suelo. Helena con mucha delicadeza paso el collar por entre su cabeza y lo puso en la nuca, después dejo caerlo para que se ajustara al cuello y al final acaricio el crucifijo la excusa perfecta para acariciar el pecho de piedra del lobo. A Mau le encanto como le acaricio helena eran como manos de fuego gentil. Que daban pequeños respingos al cuerpo frio del lobo. —Gracias Helena. Te ves muy bonita hoy. —El lobo acaricio el rostro de la chica, desde la barbilla hasta donde llegaba el cuello, por su parte derecha. —No digas tonterías, nunca me he puesto linda, porque siempre que salgo del castillo debo hacerlo a escondidas y no puedo llamar mucho la atención. Y además no me he maquillado y vengo recién bañada. —Mau hiso caso omiso a las declaratorias explicitas de la lindura de helena y hasta puso los ojos en blanco. —Porque no comemos el pastel, te aseguro que está mejor que el de la semana anterior. —Eso espero veré cuanto has mejorado. Enseguida Mau saco el pastel de la canasta, después Helena puso la manta y se sentaron a un lado del rio, que estaba calmado y bien iluminado por la luna. —Tenía muchas ganas de verte Helena, pensaba que tal vez te había pasado algo. —Suspiro. —Yo también Mau. —Como los rayos de la luna reflejaban los objetos metálicos Helena pudo ver un brillo en el chaleco de Mau era una insignia—. ¿Mau que es esa insignia? —Mau miro su chaleco. —Tuve que entrar en el consejo de Sabios como aprendiz para asegurarme de que no te pase nada. Ni a ti ni a nadie de mi manada. —Yo también tuve que hacer algo parecido.—Ella cogió un pedazo de torta y se lo metió en la boca esta vez era más dulce y ella emitió algo parecido a un gemido.—Mau está muy bien hecha mejoraste mucho. —Mau solo sonrió. —Cuando estaba en casa me puse a practicar. —Era una pequeña mentira que guardaría como secreto— ¡Helena! ¿Crees que podamos estar juntos sin que nuestros clanes peleen?—Ella suspiro como si la pregunta fuera muy difícil y en teoría lo era. —Pues no lo sé.  Pero sé que las cosas son difíciles para nosotros. —Yo quiero estar contigo. —Dijo Mau acostado en la manta pero viéndola con total atención como si ella fuera lo único que existiera en este mundo. —Yo también Mau. Pero debemos aguatar, sino nos pueden descubrir y… —Si lo se.—Rápidamente interrumpió Mau— Pero me mata, cada vez que salgo a cazar pienso en ti. Como si no pudiera pensar en otra cosa, cuando estoy en la torre del vigía miro el 
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