Capítulo 2
Buenas, reciba un saludo se le agradece la presencia de la: señorita Lenya Betancourt, en el estrado del consejo más cercano de su ciudad. El día 134 del año Mágico del Perro, Se le ha elegido para ocupar un cargo en los guardias del consejo, como Mage, con la oportunidad de aprender distintos tipos de magia y donde conocerá las diferentes ramas de la ciencia mágica. Además de conformar parte de los guardias mágicos.
Firma el consejo mágico.
Eso decía la carta, pero me parecía ridículo que hicieran tanto show para un comunicado tan básico. Las cosas estaban casi completas, el día ciento treinta y cuatro era en dos semanas, aun me quedaba tiempo para hacer algunas cosas, y comprar un atuendo adecuado para ir al estrado. Mar seguro estaba en su casa, mientras que el toque de queda comenzaba. Las calles quedaban vacías y el silencio reinaba, esa noche estaba oscura, más oscura que el resto de las demás noches del año, me daba mala espina. Aunque la noche paso en tranquilidad, no se escuchó ni una voz, no hubo problemas (excepto que no salió la luna) y tampoco hubo rastro del prisionero el cual escapo. Una cosa buena del toque de queda, era aquel silencio que invadía los caseríos, era hermoso, todo en silencio y en tranquilidad, como si no hubiera más humanos alrededor.
Capítulo 3
Desperté por la mañana antes de clase, comí rápido y me aliste para llegar a la escuela lo más rápido posible. Hoy saltando una de las reglas más importante en mi vida, ir a pie. Busque en el garaje de la casa, una Magicleta2 para ir rápido a la escuela, no quería perder tiempo, ahora tenía mucho trabajo que hacer, entre ello, buscar un diccionario que me diera a entender aquel idioma en el que estaba escrito la dirección de la ciudad de la libertad, en primera instancia iba a esperar a estar en el consejo para descifrarlo, pero pensé que podía ser peligroso por un par de cosas. La primera era la presencia de tantos guardias en la zona. Y la segunda, que si algún guardia me encontraba leyendo ese libro, seguro me iba a mandar a la cárcel, perdiendo todo lo que ya tenía hecho.
Antes de desaparecer el mago santo merlín, dejo un diccionario en la capital con el que podía entenderse el lenguaje de aquellos libros. El libro de las crónicas. Un libro en que merlín dejo escritas una de sus aventuras por el mundo, junto al rey Arturo y su aprendiz, el Tirano. Ese libro que robe contiene casi toda la información sobre el camino que conduce a la ciudad de la libertad y encima uno que otros hallazgos impresionantes. Para nada que este libro es legal, es más lo estoy escondiendo con algunos hechizos, si me llegaran a atrapar con ese libro, de verdad que me arrestarían. Pero las redadas ya han pasado de su existencia un par de veces, le estoy empezando a perder cuidado.
Ahora lo único que me preocupaba era la existencia de la cura. He oído hablar, que si te curan la mayoría de genes en tu cuerpo cambian, y que te puedes ir toda loca y con la actitud más indeseable en el mundo, pero puedes regresar como la persona más dócil en el planeta. Que si eras algo desordenada y dejada en tu forma de ser, volvías como la hija o hijo perfecto.
2 Magicleta: Es un tipo de bicicleta basado en una escoba mágica, pero no es lo mismo. En vez de pedales se impulsa con poder mágico
Algunos recuerdos cambian o son alterados, también después perder ciertos recuerdos de tu niñez o de tu adolescencia. En los peores de los casos, olvidar completamente en la existencia del amor. Alguien que haya querido a otra persona, no la va a poder recordar por mucho que haga el esfuerzo, por esto el gobierno quiere mantener a todos en las calles bajo control. O bajo el control que ellos creen mejor, para mí el tema del amor, no me afectaría ya que en mi vida, me he enamorado de un chico, y al hacerlo espero que sea en la ciudad de la libertad, para poder hacer todo aquello que las personas cuentan que podían hacer. Lo único que me preocupa es que la cura, borre mis ansias de ir a la libertad.
Hoy después de las clases, mar me dijo que fuera a su casa, pero yo se lo negué con una absurda escusa. Algo así como que tenía que ir a comprar algunas cosas antes del toque de queda, porque en casa me estaba quedando sin comida. La mejor excusa para que no me molestara más por un tiempo. Las clases terminaban a las cinco, pero falte a la última clase, como pude busque una excusa, para colarme por la puerta principal de la escuela y salir. Tome mi Magicleta, y puse rumbo al centro de la ciudad. Tenía más de cuatro horas para buscar el diccionario. Pero mi mayor contratiempo son los guardias, están en todas partes y antes de cruzar el pequeño puente que divide la zona residencial de la ciudad, hay un control de vigilancia. Claro es estratégico de su parte, controla la entrada y controlaras lo demás.
Mi Magicleta era legal y llevaba todos mis papeles en orden y la fachada perfecta, iba de compras. Pero al no ser una curada, se iban a afincar en eso. Estaba nerviosa, el miedo me invadía las manos y no podía controlar bien el volante. Me repetía a cada momento en la cabeza > el guardia cuando vio que me acercaba en la Magicleta me indico que me parara, yo deje de bombear magia en la bomba de la Magicleta, después de eso me baje y puse mi medio de transporte a un lado de mí. El guardia extiende sus brazos y después me pide los papeles.
Yo saque mi identificación además con el carnet de la escuela para que estuvieran más seguro. (Bueno también tenía mi uniforme) un guardia con su báculo, comprobó si ambos documentos eran legales, después de escanearlos, me dijo que pasara, no me hizo ninguna pregunta, cosa que me gusto más. Subí en la Magicleta y pase el puente. Estaba segura que la aventura iba a comenzar. Lo primero que vi fue los grandes edificios que se alzaban, junto a la torre del reloj, que era la atracción más bonita que había. Me encantaba ir a la ciudad, desde que iba con mis padres siempre me divertía mucho, comprar cosas en una de las muchas tiendas, y podía ir hasta a los juegos y carruseles. Pero desde que el gobierno del Tirano asumió, ninguna de estas cosas podía ser utilizada, solo algunas que otras atracciones para niños.
Pero lo que era más divertido para mí, la montaña rusa, jamás la pude volver a montar. Aunque me daba mucho miedo y siempre abrazaba a papa. Pase por el viejo parque central, donde de por sí, siempre comía helado, y estacione mi Magicleta. Baje en la primera tienda, para comprar pan y huevos, cosas necesarias para que los guardias no sospecharan nada. Mi billetera estaba llenas de piedras con las que se pegaba, entre a la tienda. Primero vi tres hombres, uno gordo y bien vestido. Que hacia una buena compra. Este era algo gordo y llevaba ropa de marca. Una ropa que solo cargaría alguien de un cargo alto. Como el rey o el virrey, o un conde. Pero no había guardias que le escoltaran, así que seguramente era solo un esbirro del gobierno. Después estaba un hombre con gafas, alguien que parecía un intelectual. Aunque no llevaba libros, y por ultimo estaba un hombre con ropa un poco más normal. Parecía ser un padre de familia decidiendo que iba a llevar para la cena de su casa.
Yo cogí los huevos y el pan además de algunas golosinas y las metí en la Magicleta. Lo selle con un hechizo de seguridad muy básico y me fui de lleno a la biblioteca. Siempre que venía a la ciudad me llevaba un libro, que obviamente regresaba después, de allí nació mi amor, por las novelas. Como las del Gran mago y sus crónicas del Amor. O El errante del Mago Santo, Luciano Carpinsor. Los grandes novelistas, pero sus libros fueron prohibidos por ser del género Romance. Y habían sido destituidos por unos libros educativos. Pero aún quedaban algunas novelas, que hoy llevaría para leerlas en la noche.
Baje por la pequeña inclinación del parque central, para llegar a dos cuadras más adelantes, allí quedaba la biblioteca. En el cabo de unos minutos llegue a la biblioteca, estaba como siempre, con su fachada que se asemejaba mucho a una iglesia. Estaba ese olor a viejo, que me traía recuerdos felices, pero que se iban al instante, porque todos eran con mis padres, que hoy no estaban aquí. Fruncí mis labios y me baje de la Magicleta para ponerle el seguro. Ya estaba algo melancólica, pero ese lugar sacaba sonrisas con melancolía de mí.
Subí los escalones, estaban mojados, seguro había llovido en la madrugada y yo no me di cuenta. Llegue a la puerta y entre. La puerta estaba algo oxidada y la cerradura mágica al abrirse sonó, me sentía algo incomoda, entraba en una biblioteca llamando la atención, pero con integridad restablecí mi mente. Ahora estaba más centrada, mi único objetivo era, conseguir el diccionario. Como solo era un diccionario no era ilegal. Pero llevaría otras novelas para que los guardias se creyeran la coartada. La biblioteca era enorme, las estanterías se elevaban al cielo, como si no tuvieran fin, y llegaran al cielo. La luz del techo era más clara que la de afuera, era como un perfecto día soleado, me imagino que sería con algún hechizo que conseguirían tanta luz.
Después estaban los empleados, había demasiados. Y algunos estaban tan ocupados que ignoraban mi presencia. Fui directamente a buscar un carnet en la recepción. Una amable chica me atendió, ella tenía un cabello de color rosado oscuro, y ojos de color azul, era una hermosa combinación. La chica se veía muy bien, además era de piel blanca, cosa que aumentaba su belleza. La amable chica me dio un carnet enseguida, y me indico en que parte se encontraban las novelas y los libros de historia junto a los diccionarios del idioma antiguo.
Yo fui directamente a la zona donde estaba las novelas, aunque habían pasados meses largos, desde que no leía una buena novela, de Luciano. Para mi suerte en la biblioteca había un registro, eso me ayudo a ver todos los títulos con los que contaban. Entre ellos anexos de los trabajos del Rey Arturo, y algunos libros que estaban de moda, La Ilíada, de Homero. Filtre en el buscador mágico el nombre de mi autor favorito, Luciano Carpinsor. Encontré algunas cosas, unos ensayos especulativos acerca de la evolución del Mago y un par de novelas, aunque no eran como las que yo leía de él. Pero sin perder nada de tiempo fui a la sección donde estaban los ejemplares y con emoción saque los que quedaban. Los puse en una cesta para libros y fui acumulando algunos. La biblioteca estaba muy surtida de muchos libros. Me gustaron otro par de Títulos. “Una noche de Vampiros” de xNiro. Y “Llorando con el hombre lobo” de xMathias Lux, no sabía si eran comedias o dramas pero igual los saque y eche en la bolsa.
También busque algunas revistas de cocina y un título de poesía de Merlín. Esto convencería a los guardias para que no sospecharan nada y no solo ellos, los bibliotecarios también estarían más tranquilos, así que busque la poesía más vieja de Merlín que había sido escrita en idioma antiguo y también la eche en la bolsa. Estaba ya finalizando la tarea hasta que vi un título que me gustó mucho. “Qué es el amor” pero lo decía sin signos de interrogación, así que no era una pregunta sino una afirmación. Pensé que eso no podía estar allí con todos los líos que enfrentaba la nación, además no tenía autor. Cosa que me pareció extraña, seguro el buscador mágico se había equivocado, igual esos aparatos que sacaba el laboratorio a veces presentaban fallas.
Moví el buscador para ver que si se arreglaba, cuando deje de moverlo volví a leer los títulos, pero aún estaba allí. Revise la sección donde estaba, era la sección 5 ahora yo busque una de las pequeñas escalerillas, me subí hasta la sección 5 y busque el libro. Entre dos enormes glosarios estaba un pequeño libro de bolsillo. Allí estaba, intente sacarlo pero estaba muy metido adentro. A lo último del estante, entonces metí mi brazo hasta el fondo, pero no era suficiente, trate con todas mis fuerzas en alcanzarlo pero mis brazos eran muy cortos, tal vez tuve que parar, solo dejar el libro ahí, pero lo que vino después me marco de por vida, después de que sucedió eso, ya no fui la misma. Tal vez fue el destino, o tal vez la magia, pero en ese momento mi futuro cambio.
Por error pise el borde de la escalera y caí al suelo, los libros que llevaba en el otro brazo me empujaron al suelo, pero antes de que cayera, un chico me salvo. Tampoco menciono el grito que hice cuando me estaba dirigiendo al suelo. El llego justo a tiempo. Me salvo de que cayera al suelo y me diera un golpe tremendo, y además me cargo en brazos. yo había cerrado los ojos, para no asustarme más de lo que estaba, podía sentir el calor de su pecho y de sus manos en mi cuerpo. Como no sentí el golpe empecé a abrir los ojos, lentamente para no creer que fuera un sueño, o que ya estaba desmayada y todo era una ilusión. PERO NO. Fue como la mente me lo gritaba. Ahora el chico era real, vi su rostro y mi corazón se quedó paralizado, por un momento, era hermoso, nunca había visto a un chico así.
—¿Estas bien? —No respondí la pregunta, me quede confundida en su voz, era como una canción entretenía. Me perdía en su voz, no era áspera ni aguda era perfecta.
x Estos autores son completamente ficticios no los busques.
Capítulo 4
Al rato le respondí —Si. Estoy bien. El chico estaba tocando mis piernas desnudas, hoy me había puesto una falta y podía sentir sus manos cálidas en el muslo. La falda era corta, muy corta diría yo, hasta llegue a regañarme por ser tan deshonesta e inmoral, en vez de estudiante parecía una bailarina de bar. Yo me le quede viendo a los ojos, los tenia de color rojo, pero se ponían como una piedra mágica, su piel era blanca, muy blanca parecía un albino, y sus labios eran jugosos y morados. Perfectamente parecía un modelo. No puedo decir que conocí al amor, aún seguía sin conocerlo, pero lo que ahora sentía en el corazón, esta mezcolanza entre, pena, vergüenza, dolor de panza y ganas de que me tragara la tierra, antes no la había sentido.
Yo termine con aquella fantasía y me baje de sus manos.
—Peso mucho, voy a bajarme, debes estar cansado. —trate de verme calmada y madura.
—No pesas nada, eres liviana. —Ahí estaba esa voz, me volvía loca.
—Disculpa que tuvieras que ayudarme, de que no me destartalara.
—¡Ja! Esa palabra no la usa nadie. Además no es una molestia, ese es mi trabajo. —El chico que mostro una identificación de la biblioteca—. Llevas muchos libros, deberías haberlos dejado en el suelo mientras buscabas el otro.
—Si pero quería uno, que estaba en el fondo. —No sabía porque le estaba contando mis cosas, era de la biblioteca. Pero tampoco le daba derecho a que se metiera en mis asuntos.
—¿Cuál es? para buscártelo.
—El pequeño —No sé por qué dije eso, pero me intente corregir, si él decía algo acerca de que estaba buscando un libro, en el que el titulo ponía. Que es el amor. Pues me delataría con los guardias. Trate de detenerlo pero ya sabía que era el pequeño. El con dos empujones saco el pequeño libro. Miro el libro y supongo que leyó el título. Sentí miedo y mi voz se quebró.
—Puedo explicarlo—Dije tratando de encomendar la situación y que no me delatara.
—Porque no me tienes que explicar, nada, te gusto este título y lo vas a leer. —No sé si la aptitud tan calmada del chico, me transporto a cuando no había tiranía, pero me reconfortaba me sentía segura. Yo me quede callada, tan callada que pensé que había arruinado la conversación y me fui al piso a recoger el resto de los libros. Metí los casi diez libros que llevaba En una cesta. Esperando que él se fuera a hacer el resto de su trabajo. Pero al contrario de reojo vi que caminaba en mi dirección, cosa que me puso muy incómoda.
—Te gustan mucho los libros. Pero no creo que los leas todos. Son muchos. —No sé si bromeaba o me lo decía enserio
—Tengo tarea, y los demás los leo cada noche.
—Ohm, también te gusta la poesía. —Vio el poema, yo escondí el diccionario—. Merlín escribe muy bien. O también llevas a Luciano Carpinsor.
—¿Lo conoces? —Esa pregunta se me salió de la boca, no la quería decir, pero creo que merecía una respuesta. A una pregunta que nunca hizo, sino que insinuó.
—Sí, me gusta mucho, no sé si has leído las novelas prohibidas, aquí entre nos —El miro a cada parte de la estantería—. Eso es ilegal ahora, pero quedan algunas.
No sabía si el chico estaba jugando conmigo, pero es que me gustaba mucho la idea que hubiera otras novelas de Carpinsor. Yo me corte un poco, la cosa es que no podía delatarme a mí misma, tal vez era un guardia encubierto o un soplón. Aunque no lo parecía. Yo musite tan bajito que no si escucho, la cosa era que no pude contener la idea de algunas novelar de Luciano. El mejor escritor de novelas que había tenido desde hacía algunos años.
Hubo un momento en el que ese chico dejo de hablar, entonces pensé que era el momento de retirarme y llevarme toda esta colosal lista de libros a mi casa, para devorarlo. Las cosas no eran simples, el ese chico me atraía, pero podía ser peligroso además si nos comparaban con una pareja amorosa los guardias vendrían. Mi gran temor, que me descubriesen eso era peor que la muerte y me alejaría de la ciudad de la libertad.
—¿Cómo te llamas? —Dijo el chico antes de que me pusiera de espaldas. No me pude resistir a su voz, otra vez volvía a ponerme loca.
—Yo me llamo Lenya. No soy de aquí, soy de la zona residencial. —ojala lo volviera a ver, las cosas no son como las pintan en los cuentos, yo me iba y no volvería hasta dentro de quince días, era imposible que me volviera a ver, además para coincidir en tiempo y lugar otra vez, creo que se necesitaría un milagro. Decir mi nombre tal vez fue un pequeño consuelo para él, aunque me olvidaría rápido por las miles de chicas bonitas que entran en la biblioteca.
—Yo soy Héctor. Trabajo aquí, puedes contar conmigo en cualquier cosa que respecte a la biblioteca.
Yo me sonroje un poco, estaba nerviosa el chico era muy atractivo, era guapo y además muy decente por lo que llegaba a ver. Ahora tenía que irme, pero quería conocerlo más, aunque corriera peligro. Pero las cosas ahora me hacían decidir entre mi sueño de conocer la libertad y el. Y lamentablemente el enamoramiento no iba a poder con mi determinación. Decidí cortar todo ahí, despedirme y alejarme en dirección a la recepción a que sellaran mis libros, no sé si yo le gustaba, pero él se me quedo mirando cuando hice el recorrido. Tal vez debió esforzarse un poco más, y hubiera cedido.
La bibliotecaria sello todos los libros con el sello de la biblioteca, me dio un lapso de tiempo de un mes para leerlo todo. Ahora estaba más relajada sin la presencia de Héctor. Tenía bonito nombre no se lo podía negar, además guapo e inteligente, seguro conseguiría una chica pronto, o tal vez ya la tenía, y solo me estaba haciendo imaginaciones.
Salí de la biblioteca disparada, casi eran las siete de la noche, más lo que me tomaría llegar a casa, llegaría minutos antes del toque de queda. Busque mi Magicleta con gran fuerza y la monte, después puse rumbo a la zona residencial. Estaba feliz, la noche era agradable, el aire era fresco y la luna podía verse sin dificultad, un ambiente perfecto para una velada. Ahora estaba un poco más feliz que antes, llevaba un diccionario con el que iba a poder descifrar todo lo que el antiguo libro de las crónicas decía y por fin hallar la dirección de la cuidad de la libertad.
Llegue al puente quince minutos después y los guardias volvieron a revisar la Magicleta y los papeles. Esta vez fueron más rápido y me dejaron pasar sin hacer tantas preguntas. Fui directo a la calle de mi vecindario, pase por el viejo farolillo junto a la esquina donde preparaban buenos churros, una manzana más adelante había una pequeña oscuridad. Como que los farolillos de la calle estaban fallando. El callejón estaba solo, la luna estaba en la punta del cielo estrellado, las casas en su mayoría con las ventanas cerradas y luces apagadas cumpliendo con las órdenes del gobierno. Y un frio escalofriante me empezó a subir por la espalda a los hombros y luego al resto del cuerpo.