Una copa, dos copas, tres copas... ya ni siquiera sé cuántas llevo y la verdad es que no me importa ni una mierda, ahora lo que menos quiero es pensar. -Otro- digo llamando al bar-tender. -Señor, ya ha tomado mucho- -Es... que... acaso te he preguntado. Tráeme una botella y listo- digo molesto -Si señor- dice rodando los ojos y se va balbuceando algo. Ha este que le importa si me caigo en coma etílico o algo, no es nadie para decirme que hacer. -A mí nadie me manda- digo. Creo que hablándome a mí mismo no se la verdad. -Aquí tiene, señor- dice poniéndome la botella y otro vaso frente a mí. Lo tomo y le doy un trago, mejor dicho un largo trago. -Christopher...Pero que agradable coincidencia- dice una rubia acercándose a mí con paso coqueto, no puedo negar

