-Buenos Días- susurra en mi cuello mientras trato de abrir por completo los ojos. ¿Por qué es tan difícil despertar con energía por la mañana? Me remuevo un poco y el besa mis labios. -Buenos Días para ti también- digo observando sus preciosos ojos. -Me encantan tus ojos- decimos ambos al unísono a lo que ambos reímos. -Las mentes maestras piensan igual- dice. -Lo sé- hago un mohín. -Venga, ¡A levantarse!- arquea ambas cejas. -¿Que hora es?- hago un puchero. -Solo levántate y ya- me guiña un ojo. -Entonces es temprano- acierto. Nunca me dice la hora cuando es temprano. -Si me llevas cargando a mi habitación, ¿podemos hacer un trato?- arqueo una ceja y el se ríe. -Mejor nos duchamos juntos- hace una pausa. -Aquí- se muerde el labio. -Déjame pensarlo-

