Las puertas del elevador se abren. Me cruzo con varios de los empleados. Saludo a Sofia, al no escuchar su respuesta levanto la vista del celular. Estoy unos segundo frente a ella pero no se percata de mi, está muy concentrada en el trabajo. —Sofía. —AAHH. Señor. —Se pone de pie y toca su pecho. — Perdón no lo vi. Estába tan concentrada. —Me di cuenta. ¿Cómo estás? ¿Puedes decirle a Adelaida que venga.? —Claro. — Me encaminó a mi oficina. — Y tráeme un café. —De inmediato. Veinticinco minutos después Sofía ingresa con el café y una pila de archivos. —Adelaida viene en unos minutos. Estos son los proyectos ya autorizados en los que debes trabajar. —Gracias. — A Sofía se le caen los lentes. Eso me pone nervioso. Desde que trabaja en la empresa el cristal de sus lentes fueron cr

