Pov Renato, (Tres meses antes). El pecho me arde cada vez que respiro. Siento como si tuviera dos bloques encima de mis hombros, como si nada de lo que haga o deje de hacer puede devolverme una pizca de la felicidad que tenía. La escena de mi esposa muerta llega a mi mente aumentandome la rabia, el deseo, de venganza y todo lo que tengo acumulado en el pecho desde que me la arrancaron de mi lado. Camino al sótano de la casa en dónde tengo secuestrada a Amaranta, con las manos metidas en los bolsillos. Los hombres que la custodian me abren la puerta y entro detallandola; sus cabellos rubios están sucios y pegajosos, su labios que eran muy rosados están pálidos y sus ojos azules más claros que los míos están rojos de tanto llorar. «Es la prueba viviente de que lo bueno y lo malo se nota c

