Pov Luciana La humedad en mi entrepierna es demasiada. Tanta, que ahora que no tengo bragas temo que se me mojen el piso con mis jugos. Me subo en el auto y mientras él conduce yo no dejo de fantasear con él en mi entrepierna saboreando mis pliegues como solo él sabe hacerlo. Sí, sé que tengo que divorciarme de él si todo resulta como se espera, se que hay cosas por encima de este matrimonio y es mi poder, mi familia, pero también no voy a negar que disfruto demasiado pasar las noches con él, que sus embestidas son deliciosas y que creo que no volveré a tener un amante como él en mi vida. Llegamos a la mansión Rinaldi, y mientras el se aproxima a hablar no se que mierda con Raymond yo bajo buscando la compostura que no tengo. —Esto es el colmo —se seca la frente con un pañuelo Daniel—,

