El fin de semana se fue volando, como si el reloj se hubiera rendido al silencio, Mika decidió no salir, no contestar llamadas, no pensar demasiado, solo moverse. Las primeras llamadas de Enzo comenzaron a llegar al mediodía del domingo; su nombre parpadeaba en la pantalla una y otra vez, interrumpiendo la calma del apartamento, Mika dejó el teléfono sobre la mesa, boca abajo, y continuó con lo suyo. Tenía música suave de fondo, el sonido del aspirador llenando los rincones y el aroma a lavanda mezclándose con el de los productos de limpieza. Barrió, fregó, ordenó los cajones de la cocina y limpió los cristales hasta ver su reflejo en ellos, quizás porque necesitaba sentirse en control de algo, aunque fuera del polvo y las superficies. Por la tarde planchó el traje que usaría para el ev

