No podía creer lo que me había dicho esa mujer, ¿será que mi padre le dejó todo a ella? ¿será que me condenaría a vivir sin nada de lo que él construyó con mi madre por una mujerzuela? no podía conciliar el sueño de solo pensar que ella se podria quedar con todo lo que había construido mi padre junto con mi madre y sus dos grandes amigos. No me importaba el dinero ni nada de eso pues tenía una carrera prospera, pero no podía creer que ella se quedaba con todo. Por fin pude conciliar el sueño y de repente desperté por los ratos del sol y vi mi celular y apenas eran las 9 a.m sabia que el abogado de mi padre llegaría en una hora para leer el testamento. Así que ingresé al baño para hacer mis necesidades y meterme a bañar. Al salir me puse un blusa tipo seda de tirantes negra, un pantalón de vestir hasta los tobillos algo pegado también del mismo color y unas zapatillas de punta transparentes. Acomode un poco mi cabello, me maquille y me dispuse a bajar al despacho de mi padre en donde se llevaría a cabo.
Al llegar a ese gran lugar donde me traía tantos recuerdos de mi padre, ver todos sus planos,sus maquetas de las primeras construcciones y su hermoso escritorio de caoba, me di cuenta que Leslie ya estaba ahí, junto con la pequeña Mía mi hermosa hermanita de 7 años con sus hermosos cachetes rojizos, su cabello tan rubio y rizado y sus hermosos ojos verdes que aún que físicamente se parecía mucho Leslie tenía el carácter dulce de mi padre.
-Mia mi princesita ¿cómo amaneciste?- dije cargandola y llenando la de besos en las mejillas.
-Muy bien Anita, Nana me hizo unos ricos Hot cakes con mucho chocolate para así poder estar un poco menos triste por lo de papá-
-Esa Nana no debería estar dándole tanto chocolate a una niña, después todo se te irá a las caderas y te pondrás gorda - Dijo Leslie quitando a Mía de mis brazos con su voz de arrogancia como siempre.
-Yo creo que Mía no tendrá ningún problema con eso en un futuro, ella es hermosa tal y como es.- dije Sonriendo a Mía. - Aparte si pasa podrias pasarle el número de tu cirujano plástico en un futuro así como arreglo tu cara y tu cuerpo...-cuando Leslie estaba apunto de darme una cachetada, la tomó del brazo y la sujetó con fuerza -Ya no soy la misma niña a la que le podías hacer lo que quisieras, ahora soy una mujer y si te atreves a tocarme sufrirás las consecuencias- le dije mirándola fijamente a los ojos con mucho odio.
-¡Ya dejen de pelear!- Grito Mía llorando tapándose los oídos
Solté a Leslie y ella cargó a Mía para poder tranquilizarla. -Lo siento Mia lo que pasa ss que tu hermana es una grosera y a veces necesita que le recuerde quien manda.
-Tu no me mandas a mi Leslie que te quede bien claro.
-Pues veremos quien manda pequeña Ana...
Cuando estaba apunto de decirle todo lo quería desde que era niña un ruido al abrir la puerta me detuvo, se trataba de el abogado de mi padre y también gran amigo de el Gabriel Jones que para decir verdad era un hombre que conocía mucho ya la amistad de mi padre apenas comenzó hace 10 años cuando hicieron sus primeros negocios juntos, lo había visto en algunas reuniones que hacían en casa cuando yo estaba de vacaciones o de visita. El tenia un hijo Santiago Jones que de igual manera no había visto mucho pero si conocía su gran reputación por la ciudad y como saberla si era el tipico hijo de un millonario, mujeriego, fiestero y prepotente.
-Buenos días, Sra Johnson y srta Johnson. Y buenos días para ti también querída Mía-
Saco unos documentos de su portafolio y los puso en el escritorio que era de mi padre.
- Tomen asiento por favor y esperamos que llegue el último beneficiario de este.
¿Otro heredero? De que hablaba este señor, acaso mi padre tendría otro hijo que no supiera o seria algún amigo. No lo sabía hasta que al cabo de unos segundos entró el mismisimo Santiago Jones un hombre muy varonil de uno noventa o tal vez un poco más, cabello castaño pero su piel muy Blanca con unos hermosos ojos azules que podrían cautivar a cualquier chica que estuviera cerca. Traía puesto un traje ajustado a su bien trabajado cuerpo color azul rey con una corbata rosa y un pañuelo del mismo color. Camino hacia una silla que estaba de lado mío y se sentó.
-Bueno creo que por fin llegó la otra persona interesada y beneficiada. así que podremos dar inicio a la lectura- mientras abría el sobre no podía dejar de pensar que hacía Santiago aquí y por qué mi padre lo había puesto en su testamento, tal vez se trataba de alguna colección extraña que tenía o algúno de sus autos clásicos que solía coleccionar, pero de igual manera me preguntaba por qué el le habría dejado algo a el, nunca vi que fueran cercanos o algo parecido.Entonces el Lic. Gabriele comenzó a leer.