Táctica de indiferencia Ahora no podíamos atrevernos a decir que no teníamos nada. Ya nos habían visto encuerados. Nos ayudaron a arreglar la cama y dormimos los dos abrazados. Hizo frío y me desperté en varias oportunidades para ponerme al ladito de él y conseguir algo de calor. A la mañana siguiente cuando desperté no estaba en la cama. Me vestí y salí de la habitación. Me prepararon un desayuno estupendo y “la suegra” me dijo qué estaba muy contenta de qué estuviese saliendo con su hijo. Me dió consejos para que me casara rápido e hiciese que su hijo se volviera un poco más responsable. Yo solo me dedicaba a escucharla y a asentir con mi cabeza. No quería explicarle y menos dañarle las ilusiones. Dónde le expusiera mi forma de pensar, además de que su hijo y yo nos comíamos el past

