POV Ares Llego a mi departamento y, como si fuera su maldito ritual, lo encuentro ahí: sentado en la sala, con esa calma fingida que siempre oculta algo. No me molesto en saludar ni en preguntar qué hace aquí. Paso de largo, directo a mi habitación. Pero a medio camino, su mano me sujeta del brazo. —¿Qué crees que estás haciendo? —pregunta Arthur, con ese tono autoritario que tanto detesto. —Voy a alistarme para ir a trabajar —respondo seco, de mal humor. —Sé lo que estás haciendo en Vancouver. No te lo voy a repetir dos veces, Ares. Tienes que dejar a Gianella en paz. Ayúdala si quieres, pero no de esa manera. Lo único que vas a lograr es hacerla sufrir. Suelto un respiro cargado de rabia contenida. Me doy vuelta, enfrentándolo. —Papá, Gianella me interesa. Me interesa bien —le dig

