ANASTASIA Habían pasado varias semanas y Steven me ignoraba. No debería molestarme, pero lo hacía. Intenté acercarme a él varias veces para disculparme por haberlo abofeteado. ¿Exageré? Quizás. Pero me sentía muy mal por lo que había hecho. Cada vez que me veía, se daba la vuelta o se negaba a reconocer mi presencia. Una vez incluso me cerró la puerta en las narices. Era muy duro. Una vez pasó a mi lado y me empujó de tal manera que caí al suelo y me corté la rodilla. Pero no pasó nada, como siempre he dicho, no se puede forzar nada. Al principio era amable conmigo, pero ahora es cruel y duro. Yo seguí con mi patética vida. Era el final del día, pero, como de costumbre, Daniela, la bruja, me asignó otra larga tarea. Hoy tenía que limpiar y reorganizar los ocho armarios de almacenamient

