Por Solange Cuando llegué al sector en dónde suelen estar los padres, veo a Ema, recostado contra una columna, mirando fijamente a Dante. - ¿Qué hacés acá? Mi corazón latía deprisa, estaba aterrada porque me sentía acosada, ya no sólo se metió conmigo, sino también se metía con mi hijo. Quería tomar a Dante en mis brazos y salir huyendo. ¿Cómo pude entregarme a él por segunda vez? ¿No aprendo? -Estoy viendo jugar a Dante. Dijo como si fuese algo normal. -Tiene mucha habilidad. Prosiguió. -No quiero que estés acá. - ¿Por qué? -Porque no tenés nada que hacer. -Yo creo que sí. Mis colores iban y venían, no sé si estaba pálida o ruborizada. Mi sensación tampoco la podría describir, porque no sé si estaba enojada con él, o conmigo por haber sido débil el sábado o enfurecida por

