Horas más tarde: Roxana ingresó al gran salón, Susan la había mandado a llamar, la joven empleada se estremeció al ver a Franco. —Ven Roxana —solicitó Susan, ladeó los labios—. Franco tiene algo que decirte. —Al ver que su novio no pronunciaba una sola palabra, lo golpeó con el codo en el estómago y lo miró a los ojos. Franco resopló, y se aclaró la garganta. —Te pido disculpas por mi comportamiento —aclaró. Roxana abrió sus ojos con sorpresa, separó los labios. —No, no se preocupe señor Rossi. —Claro que debe preocuparse, te dejó unos moretones en los brazos, y por eso va a compensarte —comentó Susan sonriente y con la mirada brillante. Franco sacó del bolsillo de su chaqueta un sobre, y lo extendió a Roxana. La chica negó con la cabeza. —Recíbelo —solicitó Franco. Rox

