-¿Qué haces aquí? -me sorprendió como nos sincronizamos para decir la misma oración al mismo tiempo.
El chico raro estaba frente a mí parado como si fuera el rey de aquí.
Era el mismo chico que me había dejado con la palabra en la boca.
Y todos aquí en Lambeth saben lo mucho que odio que me dejen con la palabra en la boca.
La estúpida profesora me había sacado del salón, menos mal porque ya no aguantaba un segundo mas adentro.
Antes de salir me había puesto los lentes de sol, era raro que aquí en Londres haya tanto sol.
-No esperaba verte por aquí, chico raro.- fui la primera en hablar.
Él me observó de pies a cabeza, lo que hizo que me removiera.
Pero lo imite.
El chico era pálido como una maldita hoja de papel, lo que hacía que resaltarán el color de sus verdes ojos y el rosado de sus labios.
Tenía un pequeño aro en su ceja y su pelo, ¿Estaba teñido? Cielos, que raro era.
Era atractivo, si. Pero raro, muy raro.
-Lo mismo.- se limitó a decir.
Comenzó a caminar en dirección a la puerta del salón donde acababan de echar.
Pero entonces, se escucharon ángeles cantar y el final del pasillo se iluminó.
Bueno, quizás no.
Pero Holton Brown, el dios griego de la escuela, comenzó a caminar como un maldito modelo.
Holton era mi maldito enamoramiento desde que tengo 14 putos años y ahora... Con casi 17 sigue causando lo mismo en mí.
Holton media aproximadamente 1,90, era un precioso castaño de ojos tan negros como la noche.
Muy guapo, demasiado para sus cortos 18.
Sentí la estúpida necesidad de causarle celos y llamar su atención, como una maldita adolescente.
Para mi desgracia, lo único que tenía cerca era al tipo con los cabellos teñidos.
Me acerqué a él rápidamente y le susurre.
-Finge que hablas conmigo.- Él se dio vuelta y elevo una ceja.
Pasaron unos segundos infinitos hasta que él respondió.
-20 libras- soltó.
-¿Qué?
- Págame 20 libras.- me cruce de brazos.
¿Estaba loco o que?
-No te pagaré 20 libras.- el chico giró su cabeza hacia el lugar donde Holton venía con Tylor y Brandon, sus amigos.
-El chico se acerca.
¿Cómo lo supo?
Maldito hijo de puta.
-Hecho. Eres un...- pero antes que pudiera terminar, sentí sus suaves manos tocar mi rostro lo que me dejo estática.
Solo quería que me hablara no que me besara.
Me sorprendí en el momento que me quito mis lentes.
-¿Qué haces?- reclamé, estirando mis manos para quitarle mis lentes.
-Odio estas cosas.- dijo y los escondió en el bolsillo de su apretado pantalón n***o, el cual estaba roto en una rodilla.
-Pero a mí me quedan genial.- fruncí el ceño.-¿Acaso no sabes quien soy yo?- dije en tono de grandeza.
Holton estaba cerca y por un segundo, nuestras miradas se cruzaron.
Fue entonces cuando las piernas me temblaron.
No, pero no como en las historias.
Literalmente, mis piernas temblaron.
- ¿ Qué hay Scarleth?- escuche su voz gruesa saludándome.
Esta bien.
No freno para saludarme.
Ni para contarme algo.
No plantó un beso en mi mejilla.
Ni dijo mas de 4 palabras.
Ni siquiera estaba segura si notó a este estúpido que me hizo perder 20 libras.
Pero, j***r, sentía mis mejillas arder.
- Hola Holton.- También lo saludé, pero él ya no estaba cerca de nosotros.
Suspire y me quede observándolo hasta que se perdió entre los pasillos.
-Eres como un Bambi.- escuche al tipo que me hizo perder dinero.
-¿Disculpa? - me gire a verlo, él tenía una mueca de diversión.
-Eres una maldita Bambi.- trataba de ahogar una risa.
-¿Y eso por qué?- pregunté, acomodando mi n***o cabello.
-Cuando paso ese Ken Humano tus piernas temblaron como el Bambi de la película.- entonces, explotó en risas y no pudo parar.
¿Por qué se reía como un maldito gatito?
Enfócate, Scarleth.
Rodé los ojos y comencé a caminar hacía algún lugar del instituto.
No iba a quedarme aquí para que este tarado se ría de mí.
¡¿Qué no sabía quién era yo?!
Maldito extranjero.
Me preguntaba de dónde sería.
No era de Estados Unidos, ya que no tenía su acento y claramente tampoco era Británico.
Restándole importancia al chico raro, seguí en mi mundo.
Si seguían sacándome de clases, reprobaría más de una materia.
Y mis padres no querían eso.
Y menos yo.
Decidí irme al auto, quizás podía esperar ahí hasta que Rena saliera de clases y quizás podríamos ir a comprar algo de ropa.
Sentí pasos detrás mío y fue entonces cuando me gire.
Y vaya, otra vez era el chico raro, que extraño.
-¡Deja de seguirme!- exclame.- Y devuélveme los malditos lentes.-coloque todo el peso de mi cuerpo en mi pierna derecha, colocando mi mano en mi cintura.
-¿Quién te crees? Es claro que no te estoy siguiendo. Wow, y yo que creí que las únicas huecas eran las rubias.- dijo por lo bajo.
Abrí mis ojos como platos, sintiendo la ira apoderarse de mi.
Oh no, no lo dijo.
-¿Me estas llamando hueca? ¿Eres idiota o qué?- me di vuelta y retomé mi caminata, él me seguía.- Para tu información tengo uno de los promedios más altos en mi curso, fui múltiples veces premiada y por si querías saberlo, fui la única chica en el equipo de matiacletas por tres años consecutivos.- volví a girarme, él estaba con la boca abierta.- ¿Qué crees? No soy tan hueca como piensas.- Sonreí falsamente, ya estábamos en la puerta de mi auto.
Papá me lo había regalado cuando cumplí 16, era mi pequeño bebé.
Tomé la cartera que tenía y saqué mi billetera, agarré dos billetes y se los tendí.
- Buen trabajo, bicho raro.- Él los tomó, todavía mudo.
¿Por qué la gente creía que por un poco de maquillaje y linda ropa ya eras una maldita hueca?
En serio, ¿No sabían en que siglo estábamos?
Amaba hacer que la gente se quede sorprendido conmigo.
No soy una fresa, por supuesto.
Tengo dinero, soy porrista y me gusta lucir bien.
Pero, por el amor de Dios, no era una fresa.
- Un placer hacer negocios contigo.-se dio vuelta y se marchó.
Pero ni alcance a abrir la puerta del auto que él se volvió a mí.
La diferencia era que en una de sus manos tenía un cigarrillo prendido, después de darle una calada, tendió su mano hacía mí.
Mitchell Cranston, Australia.- Sonreí de lado y acepte su mano.
Así que australiano...
-Scarleth Falls, Inglaterra.
Fueron tres segundos aproximadamente en los que nuestras manos quedaron juntas y nuestras miradas cruzadas.
Vaya, ¿Acaso sintieron eso?