Christine Walsh. Solo faltan dos meses y, nuestro trato expirará, ese era el mejor consuelo, la motivación que me ayudaba a continuar. Era fin de semana y, lo sábados salía temprano del trabajo, manejaba la bicicleta rumbo a mi casa, entonces… mi celular comenzó a sonar; estaba en mi bolsillo, lo saqué de prisa y con una gran habilidad contesté, mientras sostenía el manubrio de mi bicicleta. –¿Sí? –¡Chris! –gritó fuertemente Lex. –¿Qué pasa? –le interrogué. –¡Necesito tu ayuda! –exclamó. –¡Es muy urgente! –demandó. –¡Ah! –pegué un fuerte grito, porque en la calle, se había cruzado un pequeño y lindo gato, quise esquivarlo, el animal corrió de prisa al ver que estaba a punto de colisionar contra el, entonces… en mi vano intento por maniobrar sin lastimarlo, terminé en el piso. –

