El Reclamo

1691 Words

El silencio en la habitación ya no era pesado ni doloroso. Estábamos arrodillados en el suelo, pero la tristeza había desaparecido por completo, dejando a su paso una electricidad palpable. Las lágrimas se habían secado en mis mejillas, reemplazadas por un fuego lento que comenzaba a arder en mi bajo vientre. Kaelen separó su rostro de mi cuello, mirándome con una intensidad que me hizo temblar. Sus ojos grises ya no reflejaban el dolor del pasado ni la sombra manipuladora de Isolda Laurent. Ahora solo había un hambre cruda, salvaje y absolutamente devota, dirigida única y exclusivamente a mí. —Quiero borrar cualquier maldito rastro de duda de tu cabeza, Evangeline —murmuró, su voz ronca haciendo eco. Sus manos grandes y cálidas acunaron mi rostro. Sus pulgares trazaron mis pómulos

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