—Tranquila, por favor —le suplicó Luciano, tomándole la mano temblorosa bajo la mesa.—Nadie va a creerle nada a Bianca. Respira hondo. En cuanto termine el discurso de Mendoza, nos iremos de aquí. Te lo prometo. Sin embargo, el destino no tenía intenciones de darle una tregua a Luciano esa noche. Antes de que el director de la clínica tomara el micrófono, las inmensas luces del Gran Salón de Cristal se atenuaron sutilmente, cediendo el protagonismo a un haz de luz blanca que iluminó el pasillo central. Los acordes de un piano comenzaron a sonar, suaves y conmovedores, anunciando el acto central de la Beneficencia Médica: la entrega de donaciones para el ala de pediatría del hospital. Las puertas dobles se abrieron de par en par y un murmullo de ternura y admiración recorrió las mesas de

