La vida eterna, rodeada de lujos y perfección podría llegar a ser muy tentadora, demasiado para el bien de la humanidad; todos, cuando pensaban en la posibilidad de una vida eterna; se imaginaban una vida llena de lujos, de excesos, de belleza y absoluta perfección.
Sin imaginar que hay una línea muy delgada que separa el ser un ser perfecto de un horrible monstruo, una línea muy difusa y que era difícil identidad.. ser un vampiro tenía sus pro y sus contras, la Inmortalidad te sumerge en una oscuridad perturbadora y te abre los ojos a un mundo diferente, repleto de misterios tan interesantes como espeluznantes.
Alison había tenido que aprender eso a la mala, fue obligada a abrir los ojos y darse cuenta que su mundo perfecto no lo era en absoluto, en medio de las sombras se escondían monstruo con los que ningún mortal desearía encontrarse. Seres sedientos de sangre, de ojos rojos, enloquecidos por la bajeza de sus propios instintos.
— Los ataque son más frecuentes, Alison... debemos encontrarlo y detenerlo — le informo Damián, aquel que era considerado como su "cuñado", mirándola con sus ojos inquisitivos; observando cómo la chica se preparaba con las armas necesarias para acabar con un monstruo que estaba causando estragos donde no debía.
— Bien... Aldo y yo nos haremos cargo de este, ustedes patrullen y cualquier novedad nos informan — ordeno, en cuestión de segundos el grupo de vampiros de su corte ya habían desapercibido como si se tratara de un suspiro llevado por el viento, Alison cerró su abrigo n***o de cuero, que hacía perfecto juego con sus botines altos y su cabello recogido en una coleta alta, dándole un aspecto de mujer seductora y peligros — ¿Nos vamos? — Aldo asintio con un simple movimiento de cabeza, no se podía negar que ellos dos hacían un gran contraste, vestidos con sus chaquetas largas de cuero y su estilo gótico seductor.
Necesitaron solo unos pocos minutos para estar en el lugar donde aquel monstruo había sido visto por última vez, los callejones solitarios, las viviendas abandonadas y la luna llena en su máximo esplendor; Alison daba pasos calmada, el silencio era interrumpido por el sonido de sus tacones chocando suavemente contra el suelo, sus manos la llevaba metidas en los bolsillos de su abrigo. Caminando como si el mundo fuera su pasarela. Ella quería que aquel engendro supiera que estaba allí.
El ruido de una pisada y un movimiento fugaz atrajeron la atención de Alison, quien miro de reojo el lugar donde sabia que se encontraba aquel terrible espectro.
— Se que estás aquí... ¿por qué mejor no nos dejamos de juegos? — sugirió ella con su voz aterciopelada, esa seductora y mortal como toda ella. Un gruñido gratural se escuchó en el lugar. Hasta que de entre las sombras apareció un ser humanoide, deformado por la fuerza del veneno que corría por sus venas sin control.
— Tu sangre será mi fortaleza — aseguro aquel monstruo con voz espectral, desde que ella misma había comenzado a destruir a los vampiros clase "E" había escuchado mucho esa frase, todos y cada uno de ellos deseaba poder beber su sangre y así obtener poder inimaginable.
Alison sonrió de lado, saco una de sus manos de su bolsillo y con el simple gesto le indico a este monstruo que se acercará a ella, este no tardó ni un par de segundos en moverse con rapidez y arremeter contra ella, en una estampida mortal para cualquier ser vivo. Ella lo esquivo con gran facilidad y gracia en sus movimientos.
Solo un par de giros y golpes bastaron para tener a aquel engendro sometido, Aldo lo sujetaba con fuerza de las extremidades mientras Alison se encargaba de arrancarle la cabeza para luego unir los restos y prenderles fuego. Era la única forma de acabar con un ser tan horroroso cómo aquel.
El viento soplaba, haciendo ondear el cabello recogido de Alison, al igual que su ropa, mientras sus ojos estaban fijos en las abrazaderas llamas.
— Es el tercero en menos de un mes — aseguro la muchacha, en antaño era difícil encontrar vampiros descontrolados de esa manera, no pasaban de ser unos recién convertidos que con el paso del tiempo adquirían el auto control necesario. Pero estos eran monstruo que perdían el sentido, que mataban a diestra y siniestra, seres que poco a poco perdían toda su conciencia hasta terminar haciendo estragos en el mundo.
— Hay alguien allá afuera creando los, queriendo desestabilizar nuestro mundo — opino el guardián, era demasiado evidente que ese exceso de vampiros clases e, descontrolados era algo hecho adrede; alguien quería causar caos o alguien quería que ese grupo de monstruos acabada con su reina. Después de todo cada uno de ellos había aclamado por la sangre que corría por las venas de Alison, anhelando la fuerza y el poder de pertenecía a la familia D'Arcy y el cual ella poseía gracias a qué era el único vampiro formado por Artur antes de su muerte, el último vestigio de la sangre de los D'Arcy. O al menos eso creían.
— Nadie puede saber de su existencia... no aún — no necesitaba decir más para que Aldo supiera de quién estaba hablando, de Artur D'Arcy. Todos querían la sangre y el poder de los D'Arcy si alguien supiera que la reencarnación humana de su legítimo líder había aparecido su vida correría peligro y más al enterarse de que era un humano con habilidades sobre naturales. Debían evitar a toda costa que eso pasara.
— Lo protegeremos — dijo a modo de promesa, Aldo, mientras entrelazaba sus dedos con los de Alison y ella recostaba su cabeza ligeramente de su hombro; esos pequeños momentos que compartían los hacían parecer más que amigos aunque nadie supiera el amor secreto que Aldo albergaba en su ser por ella. El había aprendido que muchas veces era mejor callar y guardar sus emociones para si mismo. Y eso era justo lo que estaba haciendo, guardar sus sentimientos para él, por miedo a arruinar el vínculo que había formado con la muchacha.