El avión aterrizó horas más tarde, había intentado dormir pero la ansiedad y la culpa me carcomía por completo. Así que eran pasadas las dos de la mañana cuando finalmente bajé del avión y salí dispuesta a buscar las valijas, sentía que me palpitaba la cabeza del dolor y lo único que quería era dormir. Había decidido apagar el teléfono aunque sabía que en cualquier momento debía enfrentarme al hecho de que prácticamente había huído de Nicholas. Atravesé la puerta que daba al interior del aeropuerto y me detuve cuando ví a unos metros mi nombre en un cártel. Una silueta masculina sostenía el cartel y sonreí enseguida al reconocer de quién se trataba. Edward bajó el cartel con mi nombre en él dejándome ver su cara y sonrió abiertamente tras observarme. Corrí hacia donde estaba aprovechando

