— Un Manhattan para la dama y un Negroni para el caballero — Molly extendió los respectivos tragos hacia nosotros y me guiñó un ojo. — Gracias, Molly. Le sonreí y ella luego de devolverme la sonrisa, nos dejó para atender a otros clientes. Solté un suspiro observando el líquido rojo y un par de cerezas a un costado de la pequeña copa, si, había mencionado ahogar mis penas en alcohol y me encontraba mareada pero aquel trago iba a ser el último si no quería terminar vomitando en el baño del bar y menos en presencia del hombre que me estaba mirando en aquel preciso instante. — ¿Qué haces por aquí? — pregunté alzando una ceja ante su mirada llena de intriga e interés. Gabriel bebió un sorbo del cóctel italiano que le había preparado Molly minutos atrás. — Vengo a beber algo después de un

