— Adiós, nos vemos el viernes — le guiñé un ojo a una de mis alumnas quien me sonrió asintiendo con la cabeza y fue la última en cerrar la puerta. Solté un suspiro. Me dirigí a beber y me fijé en mi reflejo en el espejo. El sudor había perlado mi frente y cuello, mientras que mi respiración era agitada, la coleta que me había hecho antes de comenzar la clase se había desarmado por completo y algunos mechones anaranjados caían a los costados de mi rostro. Tras saciar mi sed, me acerqué al espejo para trenzar mi cabello. Cogí mi bolso con mis cosas luego de quedarme alrededor de quince minutos acomodando el equipo de pilates, no había mucho desorden porque mis alumnas lo acomodan de forma que no me dejarán trabajo para después. Colgué el bolso en mi hombro y saludé a Edward a lo lejos en

