Silencio. Esa fue mi respuesta. La espalda ancha de Nicholas era lo único que mis ojos podían ver y de un instante a otro, sentí que el espacio repentinamente se hizo más pequeño justo como la noche anterior, cerré los ojos. Recargué mi espalda y mi cabeza en la parte de atrás del elevador, sentí mi corazón acelerado y apreté los puños a ambos costados de mi cuerpo sintiendo el ardor en cuanto clavé mis uñas en las palmas de las manos. Mi respiración se tornó irregular y para mí mala suerte, el elevador se detuvo abruptamente haciéndome abrir los ojos. La iluminación se fue de golpe pero se encendió la luz de emergencia. — Mierda, no, no — solté y pasé por al lado de Nicholas para comenzar a presionar los botones del tablero como si aquello provocara que por arte de magia, el elevador

