— No sabía que eras tú — me dijo con una sonrisa amigable como si nada hubiera pasado entre nosotros semanas atrás —. Te reconocería en cualquier sitio… — Y no te hubieras acercado si me reconoces, ¿verdad? Le pregunté de forma impulsiva y al contrario de arrepentirme en cuanto lo hice, fue diferente. Pero no quise sonar decepcionada porque no tenía por qué sentirme de aquella forma. Tragué saliva y lamí mis labios resecos al mismo tiempo en que destapé la botella de agua que llevaba conmigo para beber un sorbo. Enseguida estiré mi pierna y no vacilé en echarme agua en la zona herida. También tenía raspones en las manos pero no me importó. Gabriel soltó un suspiro y no me atreví a mirarlo de regreso. Mierda si, había sido muy impulsiva al responderle así. ¿Por qué no podía simplemen

