Capítulo 3: “Primeras veces”

1495 Words
— No — respondí. — Por favor, Eva. — No, no lo haré — sacudí la cabeza sintiendo mi corazón latir rápidamente. — Eva, por favor, prometo pagarte más de lo que ya cobras todas las noches por atender aquí. Sonaba tentador. Sin embargo, podía sentir una presión instalarse en mi pecho y aquel familiar nudo en la garganta. — Max, hace mucho tiempo que no lo hago. Es imposible — negué la cabeza y continúe extrayendo las botellas de alcohol —. No puedo hacerlo. — Entonces no quiero que trabajes esta noche — lo miré con mala cara. — No puedes hacer eso. — Estoy haciéndolo. Luego de papá soy quien manda aquí — suspiré —. Por favor, Eva. Hay una reunión de una empresa muy importante está noche aquí que esperaban oír a Nicole cantar. — Ni siquiera recuerdo cómo se hacía. Insegura y con el corazón en la boca porque la última vez que lo hice fue para alguien que amaba. Ya no tenía razones para hacerlo, había perdido la motivación. — Sí, eso lo llevas en el corazón, Eva — la voz suave y cálida de Max me hizo girar a él porque luego de aquel pensamiento fue como si hubiera sido John quien me habló —. Ya tienes el talento. Pongo mis manos al fuego de que una vez que subas al escenario lo que creías haber olvidado resurgirá desde el fondo de tu mente y tu corazón. Suspiré, resignada. Probablemente luego iba a arrepentirme. — Cállate. Estás siendo demasiado cursi y me da asco. Max soltó una risa y sonreí. — Aceptaré nada más porque vas a pagarme más de lo que gano — pasé por su lado —. De haberlo sabido antes, me postulaba como cantante antes que como camarera. — Eres una mentirosa. Ahora ve allá arriba y deslumbra a todos — murmuró y luego agregó —: En el camerino de Nicole hay algunos vestidos. Deberías probarte uno de ellos. — Van a oírme, no tienen que verme. — Haz lo que quieras pero hazlo. Rodé los ojos y en un parpadeo, me encontraba arriba del escenario luciendo un vestido n***o largo demasiado refinado que se ajustaba a mi cuerpo y llevaba el cabello suelto. Oí el murmullo de los comensales y el ruido lejano de los utensilios chocar con los platos, el sonidista nos hizo una señal de que estaba todo listo cuando tomé asiento delante del piano y el guitarrista. El equipo de Nicole estaba esperando a que me acomodara, el guitarrista levantó el pulgar a mi dirección dándome a entender que ya se encontraba todo en orden. Nerviosa, aclaré mi garganta y al levantar mi vista, visualicé a Max detrás de la barra junto a un par de personas. El lugar estaba escasamente iluminado por luces rojas. Mierda, no era posible lo que estaba a punto de hacer. La música de jazz que sonaba a través del parlante llenando el lugar disminuyó el sonido y sentí una presión en mi vientre a causa de los nervios. Cogí una bocanada de aire acomodando el micrófono. — Buenas noches — oí algunas respuestas y la tensión pareció disminuir. Sonreí —. Lamento informar que mi compañera Nicole no va a cantar esta noche pero voy a reemplazarla, así que espero estar a la altura. Solté una risa cargada de nerviosismo. Aclaré mi garganta y eché un vistazo en dirección a la barra para encontrar a Max apoyado levemente en ella con su vista en la mía, cuando toqué una tecla y tan pronto como lo hice oí el sonido y aquella sensación familiar y al mismo tiempo placentera. Había olvidado por completo cómo se sentía. — Oh, my love — casi me sorprendí al oír mi propia voz llenando el lugar por completo y cerré los ojos para adentrarme en mi propia burbuja olvidando que el bar estaba lleno de gente. Era la primera vez que cantaba al frente de tanta gente — . My darling, I've hungered for your touch. A long, lonely time and time goes by so slowly and time can do so much. Are you still mine? I need your love. La gente desapareció de mi campo de visión y de mi mente. Mis dedos danzaban por el teclado del piano y mi voz se sincronizaba a la perfección. Era como si todas las noches venía exclusivamente a cantar y tocar el piano. Cuando terminé, conseguí salir del trance al oír los aplausos y me percaté de que una lágrima rodó por mi mejilla porque pese a que había una multitud aplaudiendo y haciéndome sentir orgullosa de mi misma, aún esperaba un solo aplauso. Bajé del escenario luego de agradecerle al público y todo parecía irreal porque había salido mejor de lo que había creído. El ambiente habitual se creó tan pronto como dejé el pequeño escenario y me despedí de los integrantes del equipo de Nicole, quienes me felicitaron por semejante show. — ¿Y todavía pensabas que no ibas a poder a subir allá arriba a cantar? — me preguntó Max gratamente sorprendido y eufórico. No tardó en estrecharme con sus fuertes brazos y sonreí en aquel abrazo —. ¡Fue genial! Creo que deberías considerar mi oferta para venir a cantar. — ¿Y quitarle el puesto a Nicole! Ella va a matarme — sacudí la cabeza —. Además, fue la primera y última vez. Algo así como un favor y ya. — Eres bien terca, ¿eh? — Dime algo nuevo. — Voy a terminar convenciéndote para que lo hagas. El tiempo que has trabajado aquí y el talento que estás desperdiciando. Rodé los ojos pero guardé silencio. — Vamos. Te serviré un trago, ya has hecho demasiado por hoy. — Lo dices porque no quieres que me ponga a trabajar. — Sí y además porque te lo mereces. Sacudí la cabeza y tomé asiento frente a la barra echando un vistazo a mi móvil. Enseguida, Max regresó con mi trago. Mis compañeros iban y venían. Casi me sentí un poco culpable. — Un Manhattan para la señorita — esbozó una radiante sonrisa. Max se marchó para continuar atendiendo más clientes y mientras tanto, vagaba en alguna estúpida red social. Oí la voz de Amy Winehouse sonando a través del altavoz. — ¿Vas a quedarte? — oí una voz masculina y eché un rápido vistazo de reojo a mi izquierda cuando el hombre giró hacia aquella voz. El hombre que lo había llamado yacía de pie frente a él y pude ver la mirada llena de preocupación e intranquilidad. — No, me quedaré otro rato más. — La reunión ya ha terminado y hemos conseguido lo que buscabas, deberías volver a casa a descansar, Gabriel — aparté mis ojos cuando el hombre que estaba de pie cruzó su mirada con la mía y no quería que sintiera que estaba husmeando en su conversación. — Estaré bien, David — le respondió. Descendí mi vista con disimulo al vaso de whisky casi vacío del hombre que estaba sentado a mi lado. Las pocas luces que iluminaban el espacio no me permitían verlo con detalle pero a juzgar por el tono de su voz, el cuál era amortiguado por la música y difícilmente podía oír, tenía una voz gruesa y ronca. Las palabras que salían de su boca parecían tener nada más que amargura en ellas. Me pregunté si se encontraba ebrio. Casi pude oír como suspiraba tras guardar silencio. — Puedo quedarme… — Ve a casa, David — se dió la vuelta quedando otra vez frente a su trago de whisky —. Estaré bien. Tienes a tu esposa esperándote en casa. — Vale, llámame cuando llegues a casa — le dijo tras darle un leve apretón en el hombro y lo ví asentir con la cabeza por el rabillo de mi ojo —. Intenta no conducir ebrio si te embriagas, por favor. Espero verte mañana. Aquel misterioso hombre — desde mi punto de vista — , no le respondió de vuelta y me atreví a observar su perfil cuando finalmente su acompañante, el tal David, se fue. Tenía un perfil increíble. Una nariz acorde a las facciones de su rostro y parecía ser un hombre mayor, supuse que al menos unos diez años más que yo. Llevaba barba y su cabello dorado estaba ligeramente despeinado, tenía su mirada puesta en el vaso de whisky y bebió lo que quedaba de un solo trago. La luz neón anaranjada me mostraba lo suficiente de aquel hombre que a simple vista lucía abatido. Terrible en pocas palabras. Sin embargo, no podía negar su atractivo físico. Pese a que lucía bastante mayor, se mantenía muy bien, excelente. Tenía brazos anchos y musculosos cubiertos por una camisa blanca que ajustaba a ellos, además, llevaba un chaleco de vestir color azul y se estiraba con cada movimiento que hacía. — ¿Puedo ayudarle en algo?
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