La brisa gélida me recibió en cuanto puse los pies afuera y pese a que iba bastante abrigada, aún podía sentir el frío abrasador. Alcé la mirada al cielo y me percaté del color rosado, no podía ver la luna ni mucho menos las estrellas porque estaba cubierto de nubes cargadas de agua y había neblina. Por un segundo, olvidé lo que iba a hacer y empecé a caminar a la izquierda que era el camino que tomaba siempre para ir a casa. Aún seguía pensando en la conversación que Billy y yo habíamos tenido. ¿Era posible acaso que me viera entrometida en el entrenamiento de Nicholas porque él y yo no habíamos quedado en buenos términos o Billy exageró la situación? Me parecía absurdo. Apenas nos conocíamos el uno al otro. Tal vez había otras cosas rondando su cabeza. El domingo nos habíamos visto y

