Me preguntó tomándome por sorpresa y no me percaté de que estaba mirándolo tan descaradamente hasta que su mirada se cruzó con la mía.
Parpadeé y tragué saliva al mismo tiempo en que me sonrojaba.
— Oh — alzó una ceja. Me fijé en su mirada desafiante y por la escasa oscuridad no podía identificar el color de sus ojos pero me sentí intimidada ante ellos —. Lo siento. No quise…
Se encogió de hombros.
— No me molesta aunque debería ser más precavida la próxima vez — alzó el vaso que nuevamente había sido repuesto con el líquido de la botella costosa de Jack Daniels que tenía a su lado —. Salud.
Inquieta y avergonzada, me removí en el taburete en el que estaba sentada.
— Lo lamento. No quise ser tan descarada.
— Lo fue — asintió con la cabeza apartando sus ojos de los míos y su mirada enseguida decayó en la bebida.
Alcé una ceja porque ahora no era yo quien estaba siendo descarada sino aquel sujeto.
— ¿Disculpe?
— Estás disculpada.
De reojo, pude fijarme en cómo las comisuras de sus labios se elevaron levemente hacia arriba, haciendo un esfuerzo por reprimir una sonrisa.
Fruncí el ceño.
¿Acaso este imbécil adinerado y borracho estaba burlándose de mí? No me importaba quien fuera, iba a pedir que lo sacaran del bar si continuaba molestándome.
— ¿Está burlándose de mí?
— No, soy un hombre de valores. Jamás me burlaría de una señorita y mucho menos de una con una voz tan magnífica como la suya — respondió dejándome descolocada porque realmente creí que iba a continuar molestándome pero decidió tomar una decisión, muy sabía por cierto, y no hacerlo.
— Oh, gracias — me relajé un poco a su lado y al igual que él, descendí la vista a mi trago. Los cubos de hielo flotaban y podía oír el murmullo de la gente a mi alrededor siendo acompañado por el tintineo de los cubiertos y la música de fondo.
De reojo, me fijé nuevamente en el hombre de traje y de apariencia triste que estaba sentado a mi derecha.
— Vale, ¿qué necesita? ¿Trabajo, un trago o tal vez, una entrevista? Porque puedo dárselo si promete dejarme en paz — cuestionó dándose la vuelta abruptamente para observarme a detalle.
Confundida, fruncí el ceño y sacudí la cabeza.
— Ah, pero eras un hombre con valores — resoplé —. ¿Quién rayos crees que eres?
— Lleva mirándome desde que tomó asiento junto a mí — respondió con frialdad y menos agradable que segundos atrás —. Debo suponer que además de cantante, eres una periodista o alguien que está buscando trabajo en la empresa.
— ¿Qué? — sacudí la cabeza sintiéndome ofendida —. No, claro que no. Es usted un…
— ¿Eva?
La voz de Max provocó que apartara mis ojos de aquel hombre y él también lo hizo. Max estaba mirándonos a ambos con cierta curiosidad del otro lado de la barra.
— ¿Está todo en orden?
— Sí.
— Veo que entonces ya conoces a nuestro mejor cliente — continuó Max con una sonrisa —. El señor Cleveland. ¿Ha podido cerrar el trato del que tanto hablaba?
— Oh, si — respondió el misterioso hombre a mi lado asintiendo con la cabeza y sin dejar de mirarme con una burlesca sonrisa —. Tu restaurante es especial para traer nuevos socios. Además, todos nos vamos más que satisfechos. Siempre es bueno visitarte, Max.
Mierda. No podía ser verdad, pensé.
Siempre tenía que meterme dónde no me llamaban y con la persona menos indicada. ¡Bravo, Evangeline!
— Y veo que ha conocido a la mejor camarera que tenemos en el restaurante — dijo con una enorme sonrisa dibujada en su rostro y pasé por alto la mirada que aquel sujeto me dió al examinarme de arriba a abajo —. Aunque esta noche ha reemplazado a nuestra cantante.
— Oh, pues su camarera es alguien muy talentosa — murmuró con una sonrisa burlona plasmada en su rostro que lucía muy jovial si lo miraba detenidamente.
— Debo irme — dije y aparté mis ojos de los suyos para encontrarme con los de mi jefe.
— Max — la voz de mi compañera a unos metros en el otro extremo de la barra llamaba a mi jefe —. ¡Necesito un poco de ayuda aquí!
El castaño asintió con la cabeza y regresó su mirada a nosotros. No pasé por desapercibido el hecho de que Max entornó su vista a mi dirección y confirmé que se había acercado tan pronto como nos oyó discutir qué Cleveland, quien estaba sentado a mi lado, era alguien importante y debía ser atendido como tal.
No, hoy no ha sido mi día.
— Espero que disfruten el resto de la noche — Max cogió mi copa ya vacía pero la voz del sujeto a mi lado lo detuvo.
— Por favor, sírvele otro a la señorita…
— Enseguida — Max me guiñó un ojo y cogió mi vaso —. Lo traeré en un segundo. Buenas noches.
Asintió con la cabeza sin apartar sus ojos intimidantes de mí y comencé a sentirme nerviosa. Sin embargo, mantuve mi vista al frente, justo en las estanterías llenas de botellas de costosas marcas y detrás había un espejo por lo que nuestros reflejos se veían desde allí y a diferencia de antes, quien estaba mirándome de la misma forma en que yo lo hacía era él.
— Debo irme. No hace falta que me invite un trago — hablé rompiendo el silencio y la tensión que había en el ambiente —. Gracias y lamento mi descortesía de antes…
— Ahora que si quiero hablar contigo, ¿decides irte?
— Sí — Max regresó con mi trago y se fue tras echar una mirada cómplice a mi dirección.
— ¿Te he ofendido antes? Porque si es así, me disculpo.
Sorprendida, fue aquella disculpa la que me hizo voltear a él y pude apreciar con más claridad su mirada aunque no conseguí deducir el color de sus ojos. Llevaba algo de barba en su rostro, sus ojos se achinaron aún más al sonreír y su cabello era dorado, el cual iba ligeramente peinado hacia atrás.
— Está bien — suspiré —. Lamento si antes lo incomodé.
— Sí — asintió con la cabeza —. Creí que tal vez me conocías y estabas intentando tomar ventaja de ello.
Sacudió la cabeza y bebió un sorbo de whisky a la vez que apartaba su mirada de la mía. Parecía más relajado que hacía unos minutos atrás.
— No, no soy esa clase de persona — respondí —. Además, todo el tiempo asiste gente muy importante al restaurante y sería muy inapropiado de mi parte. Así que me disculpo, no tenía ni idea que usted…
— No, está bien. No te preocupes, no debí reaccionar como lo hice — sacudió la cabeza con sus ojos puestos en el vaso y me fijé en aquella mirada llena de melancolía otra vez —. No he tenido un buen día, bueno, ni una buena semana ni mucho menos un buen año.
Éramos dos.
— Pero acabo de oír a Max decir que habías cerrado un trato de negocios…
Regresó su mirada a la mía y debí reconocer que era un hombre muy atractivo. Desprendía testosterona, era sexy y se veía unos cuantos años mayor a mí.
— ¿Entonces vas a quedarte? — preguntó y parecía entusiasmado ante la idea.
Tal vez iba borracho o tal vez no. Pero acepté que había despertado un interés en mí de una forma casi repentina. No parecía muy feliz, aún teniéndolo todo y aquello me intrigaba.
— Solo porque no puedo rechazar un trago.
Cleveland sonrió y me acomodé mejor en mi asiento llevándome la copa a los labios para beber un sorbo porque si había algo que me gustaba de mi trabajo era el chisme, bueno, vivía del chisme y a mi entender, el sujeto adinerado e importante a mi lado tenía un chisme muy bueno para mí y no podía perdermelo.
— ¿Por dónde quieres que empiece?
Me crucé de piernas dejando la copa a un lado y apoyé mi codo en la mesa de la barra para ver mejor sus ojos que parecían sonreír al mirarme.
— Empiece por contarme como es que un hombre que parece tenerlo todo en la vida está aquí bebiendo hasta perder la consciencia luego de haber cerrado un trato de negocios que a mi suponer, es muy importante — respondí — . Puede empezar por allí. Le prometo que no soy periodista, señor Cleveland.
El rubio soltó una risa viéndose aún más joven y atractivo al hacerlo.
Tragué saliva.
— No, por favor, no me llames señor — sacudió la cabeza — . Puedes tutearme. Llámame Gabriel.