Capítulo 5: “Regalo”

1030 Words
— Evangeline — esbocé una sonrisa cuando extendió su mano a mi dirección por encima de la barra para estrechar su mano con la mía, la cual a diferencia de mí, era grande y cálida. — Que lindo nombre — sonrió. — Gracias. Lo solté en cuanto sentí una pequeña descarga eléctrica y aunque él pareció darse cuenta, decidí restarle importancia porque supuse que se debía al roce constante de la ropa. — Hoy es mi cumpleaños — confesó repentinamente luego de unos segundos. Me quedé contemplando su perfil y una parte de mí sabía que hablaba en serio pero esperaba que me dijera que no era más que una broma. — Oh, ¿en serio? — asintió con la cabeza con la vista puesta en el trago de whisky — . Feliz cumpleaños. — Gracias. — Pero, ¿qué haces aquí? — Mi casa hace mucho tiempo no se siente como una — dijo encogiéndose de hombros y sentí tristeza — . Así que prefiero pasar las veinticuatro horas del día lleno de trabajo y negocios con inversionistas del exterior antes que pisar mi casa. Me pregunté si tenía problemas con su esposa o si tenía hijos. No parecía muy orgulloso por estar hablando con una completa desconocida de su vida privada pero no era ninguna estúpida como para saber que estaba un poco pasado de copas y quizá ambos tomamos aquello como una excusa. Yo para oír las penas de un desconocido como era de costumbre y él para desahogarse con alguien de todo lo que lo atormentaba. Descendí mi vista a sus manos pero no había ningún rastro de anillo de matrimonio. — ¿Y por qué sigues allí? Se giró para verme a los ojos. Sentí que había tocado una fibra sensible porque enseguida me arrepentí al ver su mirada llena de frialdad. — No lo entenderías — negó la cabeza y rompió contacto visual — . Es complicado. Sí, de hecho, lo entendía mejor que nadie. Permanecí en silencio. — Aunque tengo una suite en un hotel hace algún tiempo, así que en teoría es allí donde estoy durmiendo. Así que se podría decir que estoy viviendo en otro lugar — sentí su mirada sobre la mía — . ¿Verdad? Lo siento, es complicado y no quiero abrumar a una mujer tan joven que debería estar haciendo cosas más divertidas antes que estar oyendo la desastrosa vida privada de un borracho. Soltó una risa bebiendo lo último que quedaba de su trago y alzó la mano llamando la atención de Max, quien no dudó en acercarse, extrajo la cartera del saco para pagar la botella de Whisky, mi trago y dejarle una muy buena propina. — Gracias por tu atención, Max — se colocó de pie a mi lado y era más alto de lo que imaginaba, además, era notorio que no solo se dedicaba a trabajar sino también a pasar mucho tiempo en el gimnasio. Estaba dispuesto a irse y sentí que era demasiado pronto. Me sentí un poco desilusionada. — Siempre es un placer, señor — Max recibió el dinero agradecido y tras darme una mirada curiosa se despidió — . Buenas noches. Siempre es bienvenido. Gabriel le guiñó un ojo y tras guardar la cartera, extrajo las llaves del coche y su celular. — ¿Ya te vas? — pregunté evitando que aquello se oyera muy desesperado. Me sentía extrañada porque no actuaba de aquella forma jamás con ningún hombre y mucho menos uno que conocía recién. Bah, ni siquiera nos conocíamos, éramos completos desconocidos. Gabriel esbozó una cálida sonrisa. — Sí, ha sido suficiente información para una noche, ¿no crees? — suspiré — . Además, debo madrugar porque tengo mucho trabajo en la empresa. Lamento haberte quitado tiempo. Debería lamentarse por irse tan pronto y dejándome con la información a medias. Pero no se lo dije. — Y lamento haber sido tan egoísta como para no preguntar algo de tu vida y que te hayas limitado solo a escuchar cosas que, tal vez, no debería haber mencionado. Fue muy poco caballero de mi parte — hizo una mueca que me robó una sonrisa — . Gracias por el presente. Fruncí el ceño, confundida. — ¿Presente? — No hay regalo más valioso que el tiempo y la atención — murmuró — . Y tú me lo diste la misma noche en que nos conocimos y el día de mi cumpleaños. — Bueno, de nada — me coloqué de pie y cuando lo hice, él continuaba siendo mucho más alto. Era gigante y no era ninguna exageración —. Gracias a ti por confiar en mí. No es ninguna molestia, me gusta escuchar. — Me siento importante — ambos reímos. — ¿Vas a conducir así…? — lo señalé —. ¿Ebrio? Puedo acompañarte o llamar un taxi. Negó la cabeza. — No, no te preocupes. No sería muy caballero de mi parte dejar que conduzcas por mí, debería ser al revés — dijo y sentí mi corazón dar un salto —. Estaré bien. Nos veremos pronto. Quise preguntarle cuándo pero no lo hice. Supuse que frecuentaba mucho el resto-bar, así que me dediqué a asentir con la cabeza. Sin embargo, del bolsillo del saco extrajo lo que parecía ser una tarjeta personal y la extendió a mi dirección. — Ya sé dónde puedo encontrarte pero siempre puedes llamarme — me guiñó un ojo —. Un placer conocerte. Buenas noches, Evangeline. — Igualmente — sonreí sin enseñarle mi dentadura —. Buenas noches, Gabriel. Asintió levemente a mi dirección y tras darme una última mirada, me dió la espalda para perderse entre la gente y marcharse dejando una sensación desconocida en mi interior. Parpadeé viendo la tarjeta con su contacto. Era CEO de la empresa Cleveland Corporation. — ¿Entonces? — preguntó una voz burlesca —. ¿Ya conseguiste Sugar Daddy? ¿Es mi momento de renunciar para que me mantengas? — Cállate — rodé los ojos empujándolo un poco y Max soltó una risa —. Sólo fue amable conmigo y ya. Jamás podría pasar algo. — No lo sabes, Eva. Todo puede pasar.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD