Gabriel me ayudó a ponerme el abrigo y a pocos metros, visualizamos a David hablando con otras personas. Ya nos habíamos despedido de él, así que aprovechamos a salir segundos más tarde. El aire frío nos recibió en cuanto cruzamos la entrada y no pude ocultar la emoción que sentía, me mordí el labio reprimiendo una sonrisa y escuché mis tacones resonar en el suelo junto a los pasos de Gabriel. — Entonces… — Yo… Ambos nos miramos y nos sonreímos el uno al otro con cierta complicidad. Escuché la risa ronca de Gabriel y sentí un escalofrío. — Habla primero — me dijo concediéndome la palabra y asentí con la cabeza. — Gracias. Me sonrojé enseguida ante la mirada penetrante de Gabriel a mi lado y luego alzó las cejas sin comprender el motivo por el que estaba agradeciéndole. Sin embargo, e

